lunes, 2 de mayo de 2016

1

Capítulo 1
El viento había comenzado a aullar de nuevo fuera de la cabaña. ________ se
arrebujó en el sofá frente a la chimenea donde crepitaba el fuego, sin levantar la
vista de la novela que tenía sobre el regazo. Aunque afuera debía haber más de medio
metro de nieve, no le preocupaba en absoluto: se había abastecido de todo lo que
pudiera necesitar durante las próximas semanas si el tiempo continuaba igual.
Aquello sí que era estar alejada del mundanal ruido, sin un teléfono que la
molestara a todas horas, ni vecinos. Bueno, sí tenía uno. Tom Kaulitz, dueño de un
rancho en la montaña, pero era un hombre tan huraño, que ________ dudaba que fuera
a tener mucho trato con él... y tampoco ansiaba llegar a tenerlo.
Solo lo había visto una vez, y con esa había sido suficiente. Había sido el sábado
de la semana anterior, el día que había llegado. Nevaba, y estaba subiendo por la
carretera de la montaña en el todoterreno que había alquilado, cuando divisó la enorme
casa del rancho Kaulitz en la lejanía, y a su propietario a unos metros del camino,
bajando pesadas pacas de heno en un trineo tirado por caballos para alimentar a sus
reses. _______ observó incrédula la facilidad con que lo hacía, como si fueran
almohadas de plumas. Debía tener muchísima fuerza.
Detuvo el vehículo, bajó la ventanilla y sacó la cabeza para preguntarle si podía
indicarle cómo llegar a la cabaña de Blalock Duming. El señor Durning era el novio de su
tía, que amablemente había accedido a dejarle la cabaña para pasar allí unas semanas
de descanso.
El alto ranchero se había girado hacia ella, escrutándola con una mirada fría en
sus ojos cafeces. Tenía barba de unos días, los pómulos muy marcados, frente amplia,
barbilla prominente, y una gran cicatriz en la mejilla izquierda. No, no era un hombre
atractivo, pero eso no había sido lo que había hecho a _______ dar un respingo. Hank
Shoeman y los otros tres compañeros de su grupo musical tampoco eran bien
parecidos, pero al menos tenían buen humor. Aquel hombre, en cambio, parecía incapaz
de esbozar una sonrisa.
—Siga la carretera, y gire a la izquierda cuando vea las tuyas —le respondió con
una voz profunda.
—¿Las qué? —balbució _______ frunciendo las cejas.
—Son árboles, coniferas —farfulló él molesto, como si fuera algo que todo el
mundo debiera saber.
—Oh, ¿y qué aspecto tienen?
—¿Es que nunca ha visto un pino? —resopló el hombre perdiendo la paciencia—.
Son altos y tienen agujas.
—Sé lo que es un pino —murmuró ______ ofendida—, pero no sé...
—Déjelo. Gire a la izquierda en la bifurcación —le cortó él—. Mujeres...
—masculló meneando la cabeza.
—Gracias por su amabilidad —dijo ella con sarcasmo—, señor...
—Kaulitz —contestó él ásperamente—, Tom Kaulitz.
—Encantada —farfulló _______ con idéntica aspereza—. Yo soy _______... —se
quedó dudando un momento. ¿La conocería la gente en aquel lugar apartado de
la mano de Dios? Ante la duda, prefirió darle el apellido de su madre—, _______ Corrie.
Voy a pasar unas semanas en la cabaña.
—No estamos en la temporada turística —apuntó él, como si le molestara la idea.
—Yo no he dicho que venga a hacer turismo —respondió ella.
—Bien, pues no venga a mí si se le acaba la leña o la asustan los ruidos —le espetó
él en un tono cortante—. Por si aún no se lo han dicho en el pueblo, no aguanto a las de
su sexo. Las mujeres solo sirven para dar problemas.
_______ se había quedado observándolo aturdida. cuando se oyó una voz infantil.
______ giró la cabeza y vio a un chiquillo de unos doce años corriendo hacia ellos.
—¡Papá!
______ alzó la vista incrédula hacia Tom Kaulitz. ¿Ese hombre, padre de un
niño?
—¡Papá, papá, ven, creo que la vaca preñada está pariendo!
—Está bien, hijo, sube al trineo —le dijo el ranchero al chico. A _______ la
sorprendió que sonara suave, casi cariñoso, pero al girarse hacia ella volvía a ser tan
brusco como antes — . Asegúrese de cerrar bien la puerta por las noches —le dijo—...
a menos que esté esperando una visita de Durning claro está —añadió con una media
sonrisa burlona.
______ lo miró con el mismo desdén con que él la estaba mirando a ella, y estuvo
a punto de decirle que ní siquiera conocía al señor Durning, pero decidió que no iba
a picar el anzuelo.
—Lo haré, no se preocupe —le respondió. Y, echando un vistazo en dirección al
muchacho, que estaba subido ya en el trineo, añadió sarcástica—. Por lo que veo... al
menos una mujer sí que le sirvió para algo. Compadezco a su esposa.
Y antes de que él pudiera contestar a eso, había subido la ventanilla y pisado el
acelerador para alejarse de allí.
Uno de los troncos de la chimenea se desmoronó hacia el lado, sacándola de sus
pensamientos. Amanda observó las llamas irritada por el recuerdo de la grosería de su
vecino, y deseó no tener que necesitar jamás su ayuda.
De pronto, pensando en Tom Kaulitz, le vino a la mente su hijo. La había
sorprendido lo poco que el muchacho se parecía a él, no solo por el pelo rojo y los ojos
azules, sino también porque sus facciones no tenían ni el más pequeño rasgo que
indicara parentesco.
Kaulitz padre, en cambio, tenía todo el aspecto de un bandido, con el rostro sin
afeitar, aquella cicatriz en la mejilla, la nariz torcida y esa mirada torva en los ojos.
Cerró el libro con un bostezo y lo puso sobre la mesita que había frente al sota.
La verdad era que no tenía demasiadas ganas de leer.
El trauma por el que había pasado durante las últimas semanas finalmente había
acabado por atraparla en el último concierto del grupo. Se había encontrado sobre
el escenario, con los focos iluminándola y el micrófono en la mano, dispuesta para cantar,
pero al abrir la boca había descubierto para su espanto que era incapaz de emitir una sola
nota. El público había empezado a murmurar, y ella, en un estado de shock total, había caído
de rodillas, temblando y llorando.
La habían llevado inmediatamente al hospital. Extrañamente, podía hablar, pero
no cantar, aunque el médico le había explicado que se trataba de un bloqueo que tenía
su origen en la psique y no en las cuerdas vocales, causado probablemente por el
cansancio, el estrés y la tragedia que había vivido recientemente. Lo único que
necesitaba era descansar.
Cuando su tía Bess se enteró, recurrió a su último novio, Durning, un hombre rico
con el que estaba saliendo, para que le prestase a su sobrina la cabaña que tenía en las
Grandes Montañas Tetón de Wyoming durante unas semanas. Él había accedido,
encantado de poder complacer a tía Bess, y aunque al principio Amanda se había
negado, diciendo que no era necesario irse a un lugar tan apartado para descansar,
finalmente se había visto obligada a aceptar ante la insistencia de su tía, Hank, el líder
del grupo, y los demás miembros de la banda.
Por eso se encontraba allí en ese momento, en pleno invierno, nevando, sin
televisión, ni teléfono, ni aparatos eléctricos más complejos que una tostadora y un
frigorífico. Hank, tratando de animarla, le había dicho que así tendría más «encanto».
_______ sonrió al recordar lo cariñosos y amables que se habían mostrado sus
compañeros con ella cuando se despidieron. Su grupo se llamaba Desperado, y estaba
compuesto por cuatro músicos y ella misma. Los «chicos», como ella los llamaba, podían
tener el aspecto de moteros, pero en realidad eran unos tipos inofensivos, unos
auténticos buenazos.
Hank, Deke, Jack y Johnson habían entrado a un club nocturno de Virginia para
ofrecerse como músicos cuando se encontraron con ella. Curiosamente resultó que el
dueño del club estaba buscando una banda y una cantante, así que les propuso
contratarlos conjuntamente. _______, que se había criado en un ambiente muy
protegido, se asustó, un poco al ver sus greñas y sus chaquetas de cuero, y ellos, al
verla tan bonita y distinguida, tan tímida y encantadora, habían dudado también,
sintiéndose inferiores, pero ambas partes decidieron finalmente darse una
oportunidad, a instancias del dueño del local.
Esa primera actuación juntos fue un éxito arrollador, y desde entonces no se
habían separado. De eso hacía ya cuatro años.
Desperado había conseguido alcanzar la fama. Habían aparecido en distintos
programas de televisión, incluidos los mejores de música, como el del canal MTV;
varias revistas los habían entrevistado; hacía dos años que habían empezado a grabar
sus propios videoclips; y los reconocían allí donde iban, pero sobre todo a su cantante,
_______, quien se había puesto el nombre artístico de ______ Calíaway.
Además, podían decir que habían tenido la suerte de dar con un buen manager.
Cuando estaban empezando, Jerry Alien los había salvado de morir de hambre,
consiguiéndoles pequeñas actuaciones en locales modestos, y poco a poco había
logrado para ellos mejores escenarios.
Era tal y como lo habían soñado: estaban ganando montones de dinero, y el calor
de los fans compensaba los esfuerzos que habían tenido que hacer para llegar hasta
allí. Sin embargo, la fama no les dejaba mucho tiempo para su vida personal. Hank, el
único que estaba casado, estaba en trámites de divorcio, ya que su esposa estaba harta de quedarse sola en casa mientras él estaba de gira con el grupo.
Después de la tragedia que había vivido, _______ le había pedido a Jerry que les
diera unas semanas de descanso, y aunque este se había negado en un principio,
diciéndoles que no podían descuidarse bajando el ritmo, al final no había tenido más
remedio que acceder cuando ella no pudo cantar aquel día. Así pues, todo el grupo
había acordado hacer un alto en el camino durante un mes. Tal vez, se había dicho
_______, pasado ese tiempo lograría hacer frente a sus problemas. La verdad era que,
para haber transcurrido solo una semana, ya se sentía algo mejor. Quizá aquel retiro
no había sido una mala idea después de todo. Si al menos el viento no aullara de ese
modo tan horrible y la casa no crujiera como crujía por las noches...
En ese momento, la sobresaltaron unos golpes en la puerta. Se quedó escuchando
sin levantarse. Volvieron a llamar. Agarró el atizador de la chimenea y fue de puntillas
junto a la puerta.
—¿Quién es? —preguntó vacilante.
—Señorita, ¿es usted? —la llamó la voz de un chiquillo desde el exterior—. Soy

Elliot, Elliot Kaulitz.
_______ dejó escapar un suspiro de alivio, pero apretó los dientes contrariada.
¿Qué podría querer el muchacho? Si su padre se daba cuenta de que no estaba en el
rancho, iría a buscarlo, y lo último que quería era tener a ese hombre por allí.
—¿Qué es lo que quieres? —inquirió con fastidio aún sin abrir la puerta.
—Es mi padre... —le llegó la angustiada voz del muchacho desde el otro lado.
Parecía serio. _______ abrió la puerta avergonzada.
—¿Le ha ocurrido algo, Elliot? — El chiquillo parecía al borde de las lágrimas, —Está
enfermo, y delira, pero no me deja ir a buscar al médico.
—¿Y tu madre?, ¿no puede hacer ella algo?
El chico se mordió el labio inferior y bajó la vista.
—Mi madre se fugó con el señor Jackson, de la asociación de ganado, cuando yo
era pequeño —murmuró—. Mi padre y ella se divorciaron, y mi madre murió hace años
—volvió a alzar la vista ansioso hacia ella—. ¿No podría venir usted, señorita?
—Pero yo no soy médico, Elliot —balbució ella entre aturdida y apenada por el
chico—, no sé qué podría...
—Sé que no es médico —asintió el muchacho al instante—, pero usted es mujer, y
las mujeres saben cuidar de los enfermos, ¿no es verdad? —había una mirada aterrada
en sus ojos—. Por favor, señorita —suplicó—, estoy asustado, yo no sé qué hacer, y está
ardiendo, y tiembla todo el tiempo y...
—Está bien —decidió _______—, espera un minuto.
Se puso a toda prisa las botas, un gorro de lana y un abrigo, y salió de la cabaña
con él.
—¿Tenéis medicamentos en casa? —le preguntó mientras caminaban hacia el
trineo.
—Sí, señorita —contestó Elliot—. Mi padre se niega a tomar nada, pero sí
tenemos.
—¿Cómo que se niega? —exclamó ______ entre incrédula e indignada. Se subió
al trineo junto a Elliot.
—Es muy cabezota —explicó el chico—. Dice que no tiene nada, que está
perfectamente, pero yo nunca lo había visto así antes y me da miedo que... Él es todo
lo que tengo —musitó bajando la cabeza.
—No te preocupes, yo me ocuparé de él —le prometió _______—. Vamos.
—¿Le ha vendido el señor Durning su cabaña? — inquirió el chico cuando hubieron
subido al trineo y emprendido el camino.
—No —contestó ella—, es amigo de una tía mía, y me la ha prestado por unas
semanas para... recuperarme de algo —le explicó vagamente.
—¿Usted también ha estado enferma? —preguntó Elliot curioso.
—Bueno, sí, en cierto modo —murmuró _______ sin mirarlo.
Al cabo de un rato alcanzaron a ver la casa del rancho en la lejanía.
—Tenéis una casa muy bonita —comentó la joven.
—Mi padre la estuvo arreglando especialmente para mi madre, antes de que se
casaran —respondió él, encogiéndose de hombros—. No la recuerdo porque era un
bebé cuando murió —de pronto se volvió hacia _______, mirándola como si quisiera
disculparse por lo que iba a decir—. Mi padre odia a las mujeres. No le va a hacer
ninguna gracia que la haya traído. Tenía que advertirla...
—Tranquilo, sé cuidar muy bien de mí misma — dijo _______, sonriendo divertida.
Elliot detuvo el trineo frente al establo, que estaba iluminado.
—Vamos a ver si es tan terrible como lo pintas —bromeó.
Al oírlos llegar, había salido del establo un hombre de unos setenta años y
cabello y barba canosos.
Tras presentárselo brevemente a _______, Elliot le dejó que se ocupara de
desenganchar al caballo y lo metiera en el establo y condujo a la joven a la casa.
—Harry lleva años trabajando aquí —le explicó a _______—. Ya estaba en el
rancho cuando mi padre era un niño —entraron en la casa—. Hace un poco de todo.
Incluso cocina para los hombres —le dijo. Subieron las escaleras, y el chiquillo se
detuvo frente a una puerta cerrada. Se volvió a mirar a la joven con una mirada
preocupada—. Prepárese: estoy seguro de que le gritará en cuanto la vea.
_______ esbozó una media sonrisa, y pasó detrás del chico, que abrió la puerta
sin apenas hacer ruido.
Tom Kaulitz estaba tendido boca abajo en la cama, vestido solo con unos
pantalones vaqueros. Sus musculosos brazos estaban extendidos hacia el cabecero, y
la espalda y el cabello negro le brillaban por el sudor. En la habitación no hacía ningún
calor, así que _______ dedujo que, como le había dicho el muchacho, debía tener mucha
fiebre. Al acercarse con el niño al ranchero, este gimió y emitió algunas palabras
ininteligibles.
—Elliot, ¿podrías traerme una palangana con agua caliente, una esponja y una
toalla? —le dijo al pequeño, quitándose el abrigo y remangándose la blusa.
—Enseguida —contestó él. Salió del dormitorio y corrió escaleras abajo.
—Señor Kaulitz, ¿puede oírme? —lo llamó ______ suavemente. Se sentó junto a
él en la cama y lo tocó ligeramente en el hombro. Estaba ardiendo —. Señor Kaulitz...
—lo llamó de nuevo.
Aquella vez surtió efecto, porque el hombre se giró sobre el colchón y abrió los
ojos. ______ se había quedado paralizada observándolo, maravillada por la perfección
de su cuerpo desnudo. No podía dejar de mirarlo. Tenía la piel bronceada, sin duda por
el trabajo bajo el implacable sol, una espesa mata de vello negro alfombraba su pecho
y bajaba hacia el estómago, desapareciendo bajo la hebilla del ancho cinturón que
llevaba, y los músculos estaban desarrollados en su punto justo.
—¿Qué diablos quiere? —farfulló Tom con voz ronca.
Aquella brusca interpelación la sacó al momento de la ensoñación en que se
hallaba sumida. Alzó los ojos hacia los de él.
—Su hijo estaba preocupado y vino a pedirme ayuda —le contestó—. Haga el
favor de no alterarse. Tiene muchísima fiebre.
—Eso no es asunto suyo —masculló el hombre en un tono peligroso—. Salga de
aquí.
—No puedo dejarlo así —se obstinó _______.
En ese momento reapareció Elliot con lo que le había pedido.
—Aquí tiene, señorita —le dijo—. Te has despertado, papá —murmuró, dirigiendo
a su padre una sonrisa de fingida inocencia.
—Elliot, ve a buscar a Harry y dile que saque a esta mujer de nuestras tierras
—le dijo Tom furioso.
—Vamos, vamos, señor Kaulitz, está usted enfermo, no se sulfuré. No querrá
ponerse peor....—_______ se volvió hacia el chiquillo—. Elliot, tráeme unas aspirinas
con un vaso de agua, y mira a ver si tenéis jarabe para la tos. Oh, y le vendría bien algo de
comer... Algo ligero.
—En la nevera queda un poco de consomé de pollo que Harry hizo ayer —dijo el
muchacho.
—Estupendo. Y cuando bajes sube un poco la calefacción. No quiero que tu padre
se destemple cuando lo lave.
—¡Usted no va a lavarme! —bramó Tom. Pero _______ no le hizo caso.
—Ve a hacer lo que te he dicho, Elliot, por favor —le pidió al niño.
—A la orden, señorita —contestó él con una amplia sonrisa, al ver que no se
dejaba acobardar por su padre.
—Puedes llamarme _______.
—______ —repitió él, y salió corriendo de nuevo, escaleras abajo.
—Que Dios la asista cuando pueda volver a tenerme en pie —masculló Tom
enfurruñado. _______ había mojado la esponja y, tras escurrirla un poco, se la aplicó
de improviso. Tom se estremeció—. ¡Le he dicho que no haga eso!
—Cállese, está ardiendo. Tenemos que bajarle la fiebre. Elliot me dijo que estaba
delirando y...
—Era él quien debía estar delirando para traerla aquí sabiendo que... —pero no
terminó la frase. Los dedos de _______ le habían rozado accidentalmente el estómago,
y se había arqueado involuntariamente, tembloroso—. ¡Por amor de Dios, estese quieta!
—gruñó.
—¿Le duele el estómago? —inquirió ella preocupada.
—No, no me duele nada, así que ya puede irse por donde ha venido —fue la
grosera contestación.
______ volvió a ignorarlo y, mojando y escurriendo de nuevo la esponja, empezó
a pasársela por los hombros, el pecho, los brazos y la cara.
Tom había cerrado los ojos, estaba respirando trabajosamente y su rostro
estaba contraído. «Debe ser la fiebre», pensó la joven remetiéndose un mechón por
detrás de la oreja. Tenía que haberse recogido el cabello.
—Maldita sea —gruñó Tom.
—Maldito sea usted, señor Kaulitz —le espetó ella sonriéndole dulcemente.
Terminó de enjugarle el rostro y volvió a meter la esponja en la palangana—. ¿Dónde
tiene una camisa de manga larga?
—No va a ponerme ninguna camisa. ¡Salga de aquí de una vez!
En ese instante entraba Elliot con las medicinas.
—Harry está calentando el consomé —le dijo a ______ con una sonrisa—. Lo
subirá enseguida.
—Gracias. ¿Tiene tu padre una camisa de pijama que sea de manga larga?
—Creo que sí. Se la buscaré —respondió el chiquillo dirigiéndose a la cómoda.
—Traidor —masculló Tom.
—Ten —le dijo Elliot a ______ tendiéndole una camisa de pijama de franela.
—La odio —le dijo Tom a la joven en un tono cargado de veneno.
—Y yo a usted.
_______ lo hizo incorporarse un poco para poder ponerle la camisa, pero al ir a
hacerlo, tuvo que pasarle los brazos por detrás de su espalda para ayudarlo a meterse
las mangas, y aquello acortó la distancia peligrosamente entre ellos. Turbada, sintió
cómo su mejilla rozaba el vello de su tórax, y cómo su largo cabello se desparramaba
sobre el ranchero. Se estremeció ante el contacto, pero trató de controlar su
creciente nerviosismo, terminó de meterle las mangas, y le abrochó la camisa.
—¿Ha acabado ya? —exigió saber Tom con la misma brusquedad.
—Casi —murmuró ______. Lo tapó con la sábana y la colcha, le dio un par de
cucharadas de jarabe para la tos, y le hizo tomarse una aspirina.
—Aquí traigo el consomé —dijo Harry uniéndose a ellos. En realidad había subido
con una bandeja y traía un tazón para cada uno. Le tendió a ______ el suyo y el de
Tom.
—Mmm... Esto huele delicioso —le dijo ella con una sonrisa tímida.
El hombre le devolvió la sonrisa.
—Es agradable que alguien aprecie mis esfuerzos. Hay quien ni siquiera dice
«gracias» —farfulló mirando a Tom—. No se morirá —le dijo a _______—: «hierba
mala nunca muere»...
______ hizo que el ranchero se tomara todo el tazón de consomé, y al cabo de
un rato, mientras el viejo, el niño y ella tomaban el suyo, se quedó dormido.
—¿Vas a quedarte? —le preguntó en voz baja el pequeño a _______.
—Creo que será lo mejor. Alguien tiene que vigilar a tu padre esta noche
—contestó ella tomando asiento en un silloncito junto a la cama—. Pero mañana
debería verlo un médico —le dijo a Harry—. ¿Hay alguno por aquí cerca?
—El doctor James... vive en el pueblo —respondió el viejo.
—Bien —asintió ella. Se volvió hacia Elliot—. Tendremos que esperar a ver cómo
se encuentra tu padre por la mañana —le dijo con una sonrisa tranquilizadora—. Anda,
vete a la cama.
—Gracias por venir, señorita... _______ —se corrigió el chico rápidamente—.
Buenas noches.
—Buenas noches.
El anciano se despidió también y salieron cerrando suavemente la puerta del
dormitorio tras de sí. ______ se recostó en la silla y escrutó el rostro del ranchero
dormido. Visto así parecía vulnerable. Tenía las pestañas espesas, y unas cejas
perfectamente dibujadas. Los labios eran gruesos, pero el inferior era muy sensual, y le
gustaba el aire obstinado que le daba la barbilla prominente. Y la nariz... la nariz tenía
mucho carácter. La verdad es que así, dormido, era incluso atractivo. Tal vez fuera la
dureza de su mirada lo que lo hacía parecer un forajido cuando estaba despierto.
Pasado un rato, la joven extendió la mano y le tocó la frente. Gracias a Dios
parecía que la fiebre iba remitiendo. En algún momento, a lo largo de la noche, se
quedó dormida con la cabeza apoyada en el antebrazo, y la despertaron las voces
roncas de Harry y Tom hablando entre sí en murmullos.
—¿Lleva ahí toda la noche? —le estaba preguntando Tom al anciano.
—Eso parece. Pobre criatura, debe estar rendida.
—Te juro que cuando Elliot se despierte...
—Oh, vamos, jefe... El chico se asustó, y yo no sabía qué hacer. Fue una buena
idea que fuera a buscarla. Las mujeres entienden de enfermedades. Yo tenía una tía a
la que iba a ver toda la gente del pueblo cuando tenían alguna dolencia. No sabía nada
de medicina, pero conocía los usos de cada hierba silvestre.
_______ abrió los ojos, guiñándolos por la luz que entraba por la ventana. Tom
estaba sentado en la cama y la estaba observando fijamente.
—¿Cómo se siente? —le preguntó soñolienta, sin levantar la cabeza del
antebrazo.
—Como si me hubieran dado una paliza —respondió él—, pero supongo que algo
mejor que ayer.
—¿Por qué no baja a desayunar algo, señorita? —le ofreció Harry a _______ con
una sonrisa.
—Gracias, pero solo tomaré café, no querría ser una molestia —murmuró ella
levantando la cabeza.
El anciano salió del dormitorio, y _______ bostezó y se desperezó, haciendo que
sus senos pusieran tirante la tela de la blusa que llevaba.
Tom sintió que todo su cuerpo se ponía en tensión, como le había ocurrido la
noche anterior, cada vez que los dedos de la joven o su cabello le habían rozado la
piel, embriagado por aquel delicioso perfume con olor a gardenias.
—No tenía que haber hecho usted caso a Elliot. Debió quedarse en la cabaña
—masculló, molesto por lo vulnerable que lo hacía sentir.
_______ se apartó el cabello del rostro, tratando de no pensar en el mal aspecto
que debía tener, sin maquillaje, y con el cabello sin peinar. Excepto en los conciertos,
casi nunca lo llevaba suelto, sino que solía llevarlo recogido en una trenza.
—Su hijo solo es un chiquillo —le contestó—. Estaba aterrado ante la idea de que
pudiera pasarle algo. Esa responsabilidad era demasiado grande para él. Sé muy bien lo
que es eso. A su edad yo tampoco tenía madre, y mi padre bebía y se metía en peleas.
Más de una vez tuve que ir a buscarlo a la comisaría —explicó—. Después, durante mi
adolescencia, la cosa no mejoró: no podía llevar a nadie a casa, no me dejaba salir con
chicos... Así que en cuanto cumplí los dieciocho me escapé. No sé si sigue vivo o no, y la
verdad es que tampoco me importa.
—Vaya, así que es de las que van por ahí dándoselas de mujer fuerte, ¿eh?
—inquirió él entrecerrando los ojos.
—Y usted de los que van por ahí etiquetando a la gente, ¿no? —le espetó ella—. Si
nada más despertarse ya está pinchándome, debe ser que se encuentra mucho mejor,
de modo que no tengo nada más que hacer aquí. Pero si la fiebre le vuelve, debería ir a
que lo vea un médico.
—Yo decidiré lo que debo o no hacer —repuso él con aspereza—. Vuelva a la
cabaña.
—Es lo que pensaba hacer —farfulló ella levantándose.
Agarró el abrigo y se lo puso malhumorada, sin pararse a abrochárselo, y se
colocó el gorro de lana, consciente todo el tiempo de que él estaba observándola.
—Es curioso. Por su aspecto nunca la hubiera tomado por una de esas mujeres
parásito —dijo el ranchero de repente.
______ lo miró, parpadeando incrédula.
—Perdón, ¿cómo ha dicho?
—No se parece en nada a las anteriores amantes de Durning. Claro que tal vez
ahora le vayan las jóvenes. En fin, si va detrás de su dinero es posible que tenga
suerte después de todo. Siempre le han gustado las pequeñas golfas que... ¡Maldita
sea!, ¿qué hace?
______ le había arrojado a la cara el caldo que quedaba en el tazón que había
sobre la mesilla, y le chorreaba a través de la camisa a medio abrochar del pijama. La
joven estaba de pie junto a él, temblando de ira, con el cuenco vacío en la mano,
mirándolo con desprecio.
—Es usted un hombre horrible y no tiene derecho a juzgarme. Ni siquiera me
conoce.
Se giró sobre los talones y se dirigió hacia la puerta ignorando sus imprecaciones
entre dientes.
—Yo también maldeciría —le dijo volviéndose un momento, con el pomo en la
mano—. Le costará quitarse ese caldo tan pegajoso. ¡Qué lástima que no tenga una
«mujer parásito» que lo frote en la ducha! Claro que... tampoco tiene usted el dinero
que tiene el señor Durning, ¿verdad?
Y salió del dormitorio con la cabeza bien alta. Mientras bajaba las escaleras,
habría jurado que oyó risas.


HOLA!! BUENO BIENVENIDAS .. ESTA ES UNA DE LAS NOVELAS FAVORITAS DE LA SERIE QUE MAS ME GUSTA .. Y ESPERO QUE A USTEDES LES GUSTE IGUAL QUE A MI ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA :))

4 comentarios: