martes, 3 de mayo de 2016

2

Capítulo 2
¿Como se había atrevido a llamarla golfa? ¡Si supiera lo equivocado que estaba
respecto a ella...! Los ejemplos de su padre alcohólico y su tía excesivamente permisiva
habían actuado como un revulsivo, y ______ había terminado por convertirse en una
chica anticuada para su edad, que ansiaba una vida tranquila y equilibrada. De hecho,
en los últimos meses apenas había tenido citas, precisamente porque le fastidiaba que
los hombres creyeran que era la mujer sexy y cautivadora en la que se convertía
cuando subía al escenario. ______ era solo un personaje, no era ella.
El resto de la semana fue pasando lentamente y, aunque la irritaba preocuparse
por el ranchero después de lo grosero que había sido con ella, no podía evitar
preguntarse cómo estaría.
Aquellas vacaciones en la cabaña, pasada la novedad inicial, estaban resultando
bastante aburridas: no podía llamar a nadie por teléfono para charlar un rato, no podía
ver la televisión... Rebuscó por todos los cajones, pero ni siquiera encontró una baraja
de cartas. El señor Durning tenía únicamente una pequeña mini-cadena, pero los discos
de su colección no podían ser más aburridos: ¡todos de ópera! Seguramente los usaba
para deslumbrar a sus conquistas, para que creyeran que era muy refinado.
Para colmo de males, el domingo por la noche se fue la luz. _______ se quedó
sentada en la oscuridad, riéndose por no llorar. Aquello era lo más surrealista que le
había ocurrido nunca: estaba atrapada en una casa sin calefacción, sin luz, los troncos
que había apilados fuera estaban cubiertos por varios metros de nieve, y había sido
incapaz de encontrar siquiera cerillas.
¿Qué iba a hacer? Se había puesto el abrigo, pero aun así estaba tiritando y, en
aquella soledad, tenía miedo de que la pesadilla de hacía unas semanas volviera a su
mente para atormentarla.
De pronto, sin embargo, escuchó unos golpes en la puerta de la cabaña.
—¡Señorita Corrie!, ¿está usted ahí? —la llamó una voz masculina a gritos en
medio del fuerte viento.
_______ se levantó y fue hasta la puerta, tanteando para no tropezarse con nada.
Cuando abrió la puerta, se encontró con Tom Kaulitz, la última persona a la que
quería ver en ese momento.
—Vaya a buscar lo que necesite para un par de días y marchémonos —le dijo—. Si
se queda aquí esta noche sin electricidad se congelará. En el rancho tengo un
generador para estas emergencias —le explicó.
—Prefiero morir congelada a irme con usted, pero gracias por venir —le espetó
_______ con aire indignado.
—Mire, está bien, no debí meterme con su moralidad. No es asunto mío que vaya
detrás del dinero de un ricachón, pero...
______ hizo ademán de cerrarle la puerta en las narices, pero Tom fue más
rápido e interpuso una pierna para que no pudiera hacerlo, y entró en la cabaña.
—No tenemos tiempo para estas tonterías —gruñó—. Le he dicho que se viene
conmigo y vendrá conmigo —le dijo alzándola en volandas y volviéndose para abrir la
puerta.
—¡Señor... Kaulitz! —protestó ella—. ¡Bájeme! ¡Además, no me ha dejado recoger
mis cosas!
—Pues se aguantará y se irá con lo puesto —le espetó él mientras salía y cerraba
la puerta de una patada.
A la joven la sorprendió ver que la nieve le llegaba al ranchero casi a la cintura.
Hacía dos días que no había salido de la cabaña, así que no tenía ni idea de que hubiera
nevado tanto. El viento gélido le cortaba el rostro como un millar de pequeñas
cuchillas. Era una sensación extraña la de que la llevara en brazos. La hacía sentir
pequeña e indefensa... pero, a la vez, a salvo. No estaba segura de que aquello le
gustase. Le asustaba la idea de depender de alguien.
—No me gustan nada sus maneras —le dijo.
—Puede, pero funcionan —repuso él sentándola en el trineo y sentándose junto a
ella.
Tomó las riendas y jaleó al caballo para que se pusiera en marcha. _______ quería
haber protestado, haberle dicho que la dejara, que se fuera al infierno, pero el frío
era tan intenso que se le habían quitado las ganas de discutir. Era cierto que habría
muerto congelada de haberse quedado en la cabaña.
—¿Ya se le ha pasado el berrinche? —inquirió Tom.
—No tenía ningún berrinche —replicó ella—. Lo que pasa es que no quiero ser una
molestia —mintió por educación.
—Bueno, no crea que a mí me hace mucha gracia, pero no tenía otra elección: o la
traía a mi casa, o la enterraba.
—Qué raro que no prefiriera lo segundo, siendo tan misógino como es...
—No tiene nada que ver con eso —murmuró él girando la cabeza para mirarla—:
intente cavar un agujero en la nieve... está dura como el cemento.
Habían llegado al rancho. Tom hizo que el caballo entrara directamente en el
establo, y mientras lo desenganchaba y lo metía en su pesebre, _______ recorrió el
edificio, mirando los demás caballos. En uno de los pesebres del fondo había un
ternero. Parecía bastante desnutrido.
—¿Qué le ha pasado a esta cría? —le preguntó al ranchero.
—Su madre murió de hambre ahí fuera porque no pude encontrarla a tiempo
—murmuró Tom con voz queda.
_______ lo miró sorprendida. Parecía que aquello lo había afectado mucho. Era
curioso como, de nuevo, bajo la coraza de hombre duro, había vuelto a abrirse una
grieta.
—Pero tendrá muchas más... quiero decir... no creí que una vaca más o menos
importara tanto —dijo.
—Lo perdí todo hace unos meses —le contestó Tom—, todo lo que tenía. De
hecho, todavía estoy intentando salir de la bancarrota. Todo cuenta. Cada vaca cuenta
—explicó mirándola a los ojos—. Pero no se trata solo del dinero, me duele ver morir a
cualquier ser vivo por falta de atención, incluso a...
—¿... incluso a una mujer como yo? —lo cortó _______ con una media sonrisa—. No
se preocupe, ya sé que no me quiere aquí. Yo... le estoy agradecida por que viniera a
rescatarme. La madera estaba cubierta de nieve, y parece que el señor Durning no fuma,
porque he sido incapaz de encontrar una caja de cerillas o un encendedor.
Tom frunció el entrecejo.
—No, Durning no fuma, ¿no lo sabía?
—Nunca se me ocurrió preguntarle —contestó ella encogiéndose de hombros. Le
daba igual lo que pensara de ella, no iba a corregirlo y a decirle que era su tía y no ella
quien conocía al señor Durning.
—Elliot me dijo que ha venido a las montañas porque había estado enferma.
—Sí... en cierto modo —respondió _______ vagamente, alzando la vista.
—¿Tan poco significa para Durning que no ha tenido siquiera el detalle de pasar
con usted estos días?
—Señor Kaulitz, mi vida privada no es asunto suyo —repuso ella con firmeza—.
Piense lo que quiera de mí, me da igual.
Las facciones de Tom se endurecieron ante esa respuesta, pero no dijo nada.
Se quedó mirándola a los ojos un instante, y le indicó que lo siguiera.
Elliot se mostró entusiasmado al saber que iban a tener un huésped. En el salón
había un televisor con video, un equipo de estéreo, y, sorprendentemente, hasta un
pequeño teclado electrónico. _______ pasó las puntas de los dedos amorosamente
por las teclas, y Elliot le dirigió una sonrisa.
—¿Te gusta? —le preguntó orgulloso—. Me lo regaló mi padre por Navidad. No es
de los caros, pero me vale para practicar. Escucha.
Lo encendió e interpretó con bastante fidelidad una canción del grupo Génesis.
—¡Eh, no está nada mal! —lo elogió _______ con una sonrisa—. Pero prueba con si
bemol en vez de si al final de ese compás, a ver si no te suena mejor.
Elliot ladeó la cabeza.
—Es que... solo sé tocar de oído —balbució.
—Oh, lo siento —le dijo _______—. Me refería a esta tecla —le dijo
señalándosela y apretándola—. De todos modos, debo decir que tienes muy buen
oído —añadió.
El chico enrojeció de satisfacción.
—Pero no sé leer las partituras —suspiró. Alzó sus ojos azules hacia el rostro de
la joven—. Tú si sabes, ¿no es cierto?
_______ asintió con la cabeza y sonrió.
—Iba a clases de piano cuando podía, y practicaba con un viejo piano que había en
casa de una amiga. Me llevó bastante aprender, pero ahora no lo hago mal.
«Mal» significaba que ella y los chicos habían ganado un Grammy con su último
disco, gracias precisamente a una canción que ella había compuesto. Claro que no
podía decirle eso a Elliot. Estaba convencida de que Tom Kaulitz la habría echado con
cajas destempladas si se hubiera enterado de lo que hacía para ganarse la vida... porque
desde luego no parecía un fan de la música moderna. Si la viera vestida con la ropa que
solía llevar sobre el escenario y a los demás componentes del grupo, probablemente le
parecería incuso peor que la idea de que fuera la amante de su vecino. No, no iba a
dejar que se enterara de quien era en realidad.
—¿Podrías enseñarme a leer las partituras? —le preguntó Elliot—. Ya sabes,
mientras estés aquí. Así tendrías algo en lo que entretenerte, porque cuando hay
nevadas como esta duran varios días.
—Claro, lo haré encantada —consintió ella al instante—... si a tu padre no le
importa —añadió lanzando una rápida mirada hacia donde estaba este, observándolos.
—Mientras no sea esa música demoníaca de hoy en día... —concedió Tom—. El
rock es una mala influencia para los chicos.
«Justo como había imaginado», se dijo _______.
—Esas letras tan atrevidas, la ropa tan indecorosa que llevan las cantantes... Y
eso del satanismo... –continuó Tom entre dientes—. Es indecente. Elliot tenía unas
cuantas cintas, pero se las confisqué todas y las he escondido.
—Es cierto que hay grupos así —asintió _______ muy calmada—, pero no puede
meterlos a todos en el mismo grupo. Le sorprendería saber que muchos grupos
americanos hacen campaña contra las drogas y la guerra y...
—¿Y usted se cree todas esas patrañas? No es más que basura publicitaria —le
espetó él fríamente — para vender más discos.
—Pero lo que dice _______ es verdad, papá —intervino su hijo.
—Elliot, no vamos a empezar a discutir otra vez este tema. Tú eres muy joven
aún y no entiendes estas cosas —le dijo Tom alzando el índice en una señal de
advertencia—. Además, tengo que poner al día la contabilidad, así que no quiero
que le subas el volumen a ese chisme, ¿entendido? —volvió la cabeza hacia _______
— Harry le enseñará dónde dormirá en cuanto quiera, señorita Corrie... o Elliot.
—Gracias de nuevo —dijo _______ sin subir la vista. Sus críticas la habían hecho
sentir fuera de lugar, e incluso culpable. En cierto modo, era como volver atrás en el
tiempo a aquella noche...
—No te acuestes después de las nueve, Elliot —le dijo Tom al chiquillo.
—Sí, papá.
______ se quedó mirando boquiabierta al ranchero mientras salía por la puerta.
—¿Ha dicho« las nueve»? —inquirió atónita.
Si tenía que seguir la máxima de «allí donde fueres, haz lo que vieres», tendría
que irse a dormir a la misma hora que las gallinas, y probablemente levantarse con
ellas también.
—Siempre nos acostamos a esa hora —respondió el niño riéndose de su
asombro—. Ya te acostumbrarás. La vida en un rancho es así. Bueno, ¿cómo era eso
que me estabas diciendo de un sí bemol? ¿Qué es un sí bemol?
Dejando a un lado sus pensamientos, _______ comenzó a explicar los principios
básicos de la música.
—¿De verdad te confiscó las cintas que tenías? —le preguntó curiosa.
—Sí, pero sé dónde las escondió —contestó el niño entre risas, volviéndose a
mirarla. Se quedó un momento escrutando su rostro, con los labios fruncidos—. ¿Sabes
que me resultas muy familiar? Es como si te hubiese visto en otro sitio.
A pesar del susto, _______ logró mantener la calma y no dejar que su expresión
la delatara. Su foto, junto con el resto del grupo, aparecía en las portadas de sus
álbumes. Si Elliot tuviera uno de ellos...
—Bueno, según dicen, todos tenemos un doble en algún lugar del mundo
—respondió sonriendo—. Tal vez hayas conocido a alguien que se me pareciera. Mira,
voy a enseñarte la escala del do...
Por suerte, Elliot aceptó el cambio de tema, pero hasta media hora más tarde,
cuando subieron al piso de arriba para dormir, ______ no pudo respirar tranquila, sin
el miedo a ser descubierta.
Dado que el autocrático señor Kaulitz no le había dado tiempo para recoger sus
cosas, no tuvo más remedio que dormir vestida. Solo esperaba no tener la pesadilla
recurrente que había tenido durante las últimas semanas. Sería muy embarazoso si
saliese chillando en mitad de la noche... Si Tom Kaulitz la oía e iba a preguntarle qué
le pasaba, y se lo contaba, probablemente le diría que se merecía lo que le había
ocurrido.
Sin embargo, para sorpresa suya, no le sobrevino ninguna pesadilla esa noche, y
al despertar por la mañana, cuando Elliot golpeó su puerta para decirle que Harry ya
tenía listo el desayuno, se encontró maravillosamente descansada.
Tras lavarse y peinarse, bajó las escaleras. Tom y Elliot ya estaban sentados a
la mesa. En el momento en que ella estaba sentándose, entró Harry con una jarra de
café recién hecho.
—¿Le apetecen unas tortitas y unas salchichas con huevos revueltos?
—Um... Con una tostada bastará —contestó ella—. La verdad es que nunca suelo
comer mucho en el desayuno.
—No me extraña que esté tan flaca —farfulló Tom mirándola—. Ponle lo mismo
que a Elliot, Harry.
—Oiga, señor Kaulitz, escuche... —comenzó ______ airada.
—No, escuche usted —le espetó él tomando un sorbo de su café solo—: esta es
mi casa, y yo pongo las reglas.
_______ suspiró. Aquello le recordaba a las temporadas que había pasado en el
orfanato, cuando su padre bebía tanto que no podía hacerse cargo de ella. Allí había
tenido que obedecer a rajatabla las órdenes de la señora Brim.
—Como usted diga, señor —masculló.
A Kaulitz casi se le atragantó el café ante aquel apelativo.
—¿Podríamos dejar de hablarnos de usted? —le dijo cuando hubo dejado de
toser—. No soy tan mayor, tengo treinta y cuatro años.
—¿Solo treinta y cuatro?
En cuanto las palabras hubieron abandonado sus labios, _______ lo lamentó, pero
no había podido evitarlo. La verdad era que parecía mayor.
—Lo siento. Eso ha sonado muy poco cortés.
—Sé que parezco mayor de lo que soy —la tranquilizó él — . Tengo un amigo en
Texas que creía que tenía los cuarenta, y hace años que nos conocemos. No hace falta
que te disculpes —lo que no añadió fue que, si había envejecido prematuramente, había
sido gracias a los disgustos que le había dado su ex esposa—. Además, tú tampoco
pareces tan joven como para llamarme «señor». ¿Qué edad tienes?, ¿veintiuno...
veintidós...?
—Veinticuatro.
Durante un buen rato, se quedaron callados mientras comían, y fue Elliot quien
rompió el silencio.
—Papá, ______ me estuvo enseñando anoche varias escalas con el teclado —le
dijo excitado a su padre—. Sabe música «de verdad».
—¿Cómo aprendiste? —inquirió Kaulitz, recordando lo que le había contado de su
padre alcohólico.
—Mi padre tenía épocas en las que se emborrachaba un día sí y otro también, y
entonces me acogían en el orfanato local. Había una mujer mayor que tocaba el
órgano en la iglesia, y fue ella quien me enseñó.
—¿No tenías hermanos o hermanas? —inquirió Tom.
—No, no tenía a nadie más en el mundo, excepto una tía —le explicó llevándose la
taza de café a los labios—. Es artista, y ha estado viviendo con su último amante que...
—Elliot, vas a llegar tarde al colegio —la interrumpió Tom enfurruñado,
girándose hacia el chiquillo.
El niño miró el reloj de la cocina y aspiró sobresaltado.
—¡Diantres, es cierto! ¡Hasta luego, papá, hasta luego _______, hasta luego
Harry! —dijo muy deprisa, levantándose, agarrando la mochila y corriendo hacia la
puerta.
Harry se levantó también, y empezó a recoger los platos y a llevárselos a la
cocina.
—Haz el favor de no hablar de esas cosas delante de Elliot —le dijo Tom a
______ en un tono imperativo.
_______ lo miró de hito en hito con una media sonrisa.
—Oh, vamos, Tom, te aseguro que hoy en día la mayoría de los chicos de su
edad saben más de la vida que nosotros mismos.
—Tal vez en tu mundo sea así, pero no en el mío.
______ quería haberle replicado que estaba hablando de cómo eran las cosas en
la realidad, no de cómo le gustarían que fueran, pero sabía que no serviría de nada.
Tom estaba convencido de que era una mujer sin ninguna moralidad.
—Soy un hombre chapado a la antigua —prosiguió Tom — , y no quiero ver a
Elliot expuesto a la visión liberada de lo que llaman «el mundo moderno» hasta que
tenga la edad suficiente como para comprenderlo y hacer sus elecciones. No me gusta
que la sociedad ridiculice valores como el honor, la fidelidad y la inocencia, así que lo
combato del único modo que puedo hacerlo: yendo a misa los domingos y llevando a
Elliot conmigo —sonrió con ironía al ver la expresión sorprendida de _______ — . Oh,
sí, aunque no lo reflejen la televisión o el cine, todavía hay personas en América que
van a misa los domingos, personas que trabajan de sol a sol toda la semana y se
divierten sin necesidad de tomar drogas, emborracharse, o tener relaciones solo por
el sexo.
—Bueno, no creo que nadie diga que Hollywood refleja la realidad —contestó ella
con una sonrisa—, pero si quieres mi honesta opinión, yo misma estoy bastante
asqueada del sexo gratuito, el lenguaje grosero y la violencia gráfica que hay en las
películas modernas. De hecho, las películas que me encantan son las de los años
cuarenta —esa vez fue ella quien se rio del asombro de él—. Sí, precisamente porque
no podían hacer uso de esos recursos tan fáciles, porque los actores no podían
quitarse la ropa ni decir palabrotas, aquello suponía un desafío para la creatividad de
los guionistas y los directores. Algunos de los dramas de esa época son los mejores
que se han hecho jamás. Y lo mejor de todo es que puedes verlos tengas la edad que
tengas.
Tom estaba mirándola con los labios fruncidos, como si estuviera gratamente
sorprendido pero aún un poco incrédulo.
—A mí también me gusta el cine de esa época —confesó — : Humphrey Bogart,
Bette Davís, Cary Grant... Esos eran grandes actores, no los fantoches de hoy en día.
—Yo... no soy tan moderna como crees, Tom —murmuro ______ jugando con el
dobladillo del mantel—. Vivo en la ciudad, sí, pero no porque me guste, sino porque es
práctico —dejó la taza de café en el platillo—. Entiendo cómo te sientes respecto a
esas cosas; y lo de que lleves a Elliot a la iglesia y todo eso. El me dijo que su madre...
Tom apartó la vista y echó la silla hacia atrás, levantándose.
—No acostumbro a hablar con extraños de mi vida privada —la interrumpió — . Si
quieres puedes ver la televisión o escuchar música. Tengo mucho que hacer.
—¿No puedo ayudar? —inquirió ella al momento.
—Ésto no es la ciudad —contestó Tom enarcando las cejas.
—El orfanato en el que pasé algunas temporadas estaba dentro de una granja, y
aprendí a hacer muchas tareas del campo. Incluso sé ordeñar.
—Si quieres puedes dar de comer al ternero que viste ayer en el establo —le
dijo Tom. Aquella chica de ciudad era una caja de sorpresas—. Harry te enseñará
dónde está el biberón.
Amanda asintió.
—De acuerdo.
Tom se quedó un instante mirándola. —Bien, en cualquier caso, si se te
ocurriera ir a dar un paseo, no salgas del perímetro del rancho —le advirtió—, esto es
la montaña, y hay osos, lobos y un vecino que pone trampas.
______ asintió de nuevo con la cabeza. —¿No tienes a alguien que te ayude en el
rancho, aparte de Harry? —le preguntó.
—Sí, cuatro peones... todos casados.
_______ enrojeció irritada.
—Me encanta la opinión que tienes de mí —masculló.
—Puede que te gusten las películas de los años cuarenta — le dijo él mirándola
fijamente—, pero a ninguna mujer de ciudad, que sea atractiva como tú, sigue siendo
virgen a los veinticuatro —añadió—. Yo soy un hombre de campo, pero he estado
casado, y no soy estúpido. Sé muy bien cuál es vuestro juego.
______ se preguntaba qué diría si supiera toda la verdad sobre ella. Bajó la
vista a la taza de café.
—Piensa lo que quieras, de todos modos ya lo haces...
Kaulitz salió de la casa sin mirar atrás. _______ ayudó a Harry a terminar de
recoger la mesa del desayuno, y después fue con él al establo.
—Solo tiene unos días —le dijo el anciano cuando llegaron al pesebre donde
estaba el ternero. Le tendió un enorme biberón lleno de una mezcla de leche caliente y
se lo entrego—. Arrodíllese aquí... bueno, si no le importa mancharse un poco...
—La ropa puede lavarse —dijo ______ sonriendo.
Sin embargo, solo contaba con lo puesto, y si no quería tener que lavarla todos
los días, tendría que convencer a su anfitrión para que la llevara a la cabaña a recoger
algo más de ropa. Se arrodilló sobre el heno y le acercó la tetina del biberón al hocico
del ternero. Una vez que hubo olido la leche, no fue difícil hacer que empezara a
mamar. _______ acarició su suave y cálido pelaje mientras lo alimentaba.
—Pobrecito —murmuró, acariciándolo entre los ojos—, has perdido a tu mamá...
—Crecerá —dijo Harry—, son criaturas con instinto de supervivencia —dijo
Harry—, igual que el jefe.
—Tom me contó que lo perdió todo hace unos meses. ¿Cómo ocurrió?
—Lo acusaron de vender carne en mal estado.
—¿En mal estado?
—Es una historia muy larga. El jefe compró una partida de reses del Sureste.
Tenían el sarampión. No, no es como en las personas —aclaró al ver la expresión
sorprendida en el rostro de ______—. A las vacas no les salen manchas, pero
desarrollan unos quistes en el tejido muscular —le explicó—. No había manera de que
hubiéramos podido saberlo, porque los síntomas no son definidos, y además tampoco
existe un tratamiento que lo cure. Hay que matar a las reses infectadas y quemar los
cadáveres. Bien, pues esas reses contagiaron a las nuestras. El señor Kaulitz había
vendido unas cuantas cabezas a la planta de envasado de carne. Cuando vieron que
estaban enfermas, ordenaron que destruyeran la carne, y el dueño de la planta vino a
ver al jefe para que le devolviera su dinero, pero el señor Kaulitz ya lo había gastado
para comprar nuevo ganado. El caso es que tuvo que ir a juicio y... en fin, al final lo
libraron de todos los cargos. Oh, y por supuesto el señor Kaulitz puso una demanda a
los tipos que le habían vendido aquellas reses... y ganó —añadió sonriendo—. Estábamos
al borde de la quiebra, y la compensación que obtuvo de la demanda lo ayudó a empezar
de nuevo. La situación aún está complicada, pero el jefe es un hombre tenaz, y el
rancho es un buen negocio. Saldrá de esta mala racha, estoy seguro.
_______ se quedó reflexionando un momento en lo que acababa de contarle
Harry. Parecía que la vida de Tom había sido tan difícil como la de ella. Pero al menos
tenía a Elliot, pensó, tener por hijo a un chico tan estupendo debía ser un consuelo
para él, y así se lo dijo al anciano. Este, para su sorpresa, la miró de un modo extraño.
—Um... sí, bueno, Elliot es especial para él, claro —farfulló.
_______ lo miró con el entrecejo fruncido. ¿Acaso habría algo que ella no sabía?
En cualquier caso, le pareció que sería indiscreto insistir en el tema, y volvió la vista
hacia el ternero.
—Aquí traigo otro —dijo Tom entrando en ese momento en el establo.
______ giró la cabeza y lo vio acercarse a ellos con otro pequeño ternero en
brazos, solo que aquel tenía mucho peor aspecto.
—Está muy flaco —musitó.
—Tiene diarrea —contestó Tom depositando al animalillo junto a ella—, Harry,
prepara otro biberón.
—Enseguida, jefe.
_______ acarició la cabeza del ternero enfermo, y a Tom le sorprendió ver la
preocupación en su rostro. Era injusto por su parte sorprenderse, se dijo de
inmediato, al fin y al cabo había aceptado acompañar a Elliot en medio de la noche para
atenderlo, incluso a pesar de lo incivilizado que se había mostrado con ella. Claro que
aquello chocaba bastante con la clase de mujer que era...
—No creo que sobreviva —dijo—, lleva demasiado tiempo solo ahí fuera.
En ese instante regresaba Harry con otro biberón, y ______ y Tom
extendieron la mano al mismo tiempo para tomarlo.
La joven se sonrojó ligeramente y apartó la mano, pero el turbador cosquilleo que
le había provocado el contacto tardó en pasar.
—Vamos allá —dijo Tom acercando el biberón al hocico del ternero.
El animal apenas tenía fuerzas para succionar, pero por fin, al cabo de un rato,
empezó a hacerlo con fruición.
—Gracias a Dios —suspiró _______ aliviada, sonriendo a Tom.
Los ojos del ranchero, oscuros y llenos de secretos, relampaguearon cuando se
encontraron con los suyos.
Después se entrecerraron y descendieron hacia la suave boca de la joven, donde
permanecieron un largo instante, con una mirada irritada, como si estuviera deseando
besarla y a la vez se odiara por ello. El corazón de _______ dio un vuelco ante ese
pensamiento. De pronto había empezado a ver con otros ojos a aquel hombre distante
y reservado, pero no lograba comprender su forma de ser, ni los sentimientos que
parecían estar surgiendo en su interior. Era dominante, cabezota, impredecible...
debería encontrarlo detestable y, aun así, podía entrever en él una sensibilidad que le
había llegado al corazón.
—Ya me encargo yo de esto —le dijo Tom de pronto, sacándola de sus
pensamientos—, ¿por qué no vuelves dentro?
¡Lo ponía nervioso!, pensó la joven fascinada. Sí, aunque no quisiera mostrarlo
abiertamente, ella le gustaba. Observó como evitaba mirarla a los ojos, y la expresión
irritada en su rostro. En cualquier caso no le convenía ponerlo furioso, sobre todo
cuando era una invitada no deseada y probablemente tendría que permanecer varios
días allí.
—De acuerdo —asintió, poniéndose de pie—, veré si puedo encontrar algo que
hacer.
—A Harry no le vendría mal un poco de compañía mientras trabaja en la cocina,
¿verdad Harry? —dijo Tom, lanzando al anciano una mirada que le advertía que no lo
contradijera.
—Claro, claro... por supuesto —balbució este al instante.
______ se metió las manos en los bolsillos y se volvió a mirar con una sonrisa a
los terneros antes de salir del establo.
—¿Puedo venir a darles de comer mientras esté en el rancho? —dijo.
—Si quieres hacerlo, por mí no hay problema —contestó Tom sin alzar la vista.
—Gracias —murmuró ella.
Querría haberle dicho algo más, pero el pensamiento de que él se sentía tan
atraído por ella como ella por él, la había hecho sentirse de repente muy tímida y fue
incapaz de pronunciar otra palabra, así que se giró sobre los talones y siguió a Harry
fuera y de vuelta a la casa.
Lo cierto era que Harry se manejaba muy bien en la cocina, y ella no hacía más
que estorbar, así que, tras observarlo un rato, se ofreció para planchar un poco con tal
de sentirse útil. Harry la llevó a un cuartillo donde estaba abierta la mesa de la
plancha. Le señaló un armario, diciéndole que allí encontraría la plancha, pero cuando
ella lo abrió y fue a extender la mano...
—¡No, esa no! —exclamó Harry yendo a su lado. La apartó suavemente y tomó una
segunda, más nueva que había un par de baldas más abajo—. La otra es del señor
Kaulitz, la utiliza para aplicarle cera a la parte inferior de sus esquís. A sus
veintitantos participó en varias competiciones de eslabon gigante. Estuvo a punto de
entrar en el equipo olímpico, pero se casó, y nació Elliot, así que lo dejó. Todavía esquía
de vez en cuando, pero solo como afición. Aun así puede decirse que no ha perdido la
práctica —le aseguró—: es de los pocos que se atreven a esquiar Ironside Peak.
_______ estaba realmente impresionada. ¿Quién lo hubiera dicho? Bueno, lo
cierto era que el descenso de eslalon requería destreza, seguridad, y cierta temeridad,
cualidades que sin duda poseía Tom Kaulitz.



HOLA!!! SIG CAP ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA PRONTO :))

4 comentarios: