Capítulo 3
Cuando hubo acabado de planchar las pocas cosas que
había, mientras Harry
lavaba los platos, ______ se puso a sacar la ropa de la
secadora y se fijó en que a
algunas de las camisas de Tom les faltaban botones, y
otras tenían descosidas las
costuras.
Harry le proporcionó aguja, hilo y botones, y la joven se
sentó a coserlas y
pegarles los botones mientras veía una vieja serie en la
televisión.
Un par de horas más tarde aparecieron Tom y Elliot.
—Tío, qué forma de nevar... —farfulló Elliot frotándose
las manos frente al
fuego que Harry había encendido en la chimenea—. Papá
tuvo que venir a buscarme
en el trineo porque el autobús de la escuela no podía ni
avanzar por la carretera.
—Oh, hablando del trineo... —intervino _______ mirando a
Tom—, necesito
recoger algunas cosas de la cabaña. No puedo ni cambiarme
de ropa.
—Bien, ve a ponerte el abrigo. Te llevaré un momento
antes de regresar al
trabajo —se ofreció Tom—. Elliot tú también puedes venir
—añadió ignorando la
cara de estrañeza del pequeño.
_______ se puso de pie y subió a por su abrigo. Estaba
muy claro por qué quería
que Elliot fuera con ellos: se sentía atraído por ella,
pero, según parecía, estaba
decidido a luchar con todas sus fuerzas contra ello. ¿Por
qué la consideraría una
amenaza?
Cuando volvió a bajar se encontró con que Tom estaba
examinando una de las
camisas que había estado arreglando. Alzó la mirada hacia
ella con una expresión
irritada.
—No tenías por qué hacer esto —le dijo con aspereza.
_______ se encogió de hombros tímidamente.
—Es que me sabe mal estar aquí sin ayudar... —murmuró—.
Además, no sé estar
mucho tiempo de ociosa, me pone nerviosa —añadió.
Una expresión extraña cruzó por el rostro del ranchero.
Se quedó un momento
estudiando el remiendo en la manga, que se había
desgarrado con la alambrada, para
dejar la camisa nuevamente sobre el sofá y dirigirse a la
puerta sin mirar a la joven.
A _______ no le llevó demasiado tiempo recoger las cosas
que necesitaba. Cerró
la maleta, salió del dormitorio y se dirigió al salón,
pero recordó que se había dejado
unos guantes sobre la cama y regresó a por ellos. Cuando
volvió, se agachó para
levantar la maleta del suelo, pero Elliot se le adelantó.
—Yo la llevaré —le dijo con una
sonrisa.
_______ se la devolvió. Verdaderamente era un chico
estupendo. Qué curioso que
se pareciera tan poco a su padre... Elliot le había dicho
que su madre era pelirroja, así
que debía salir a ella, pero, aun así, que no hubiera
nada en sus rasgos que recordara a
Tom...
El ranchero estaba esperándolos afuera, sentado en su
trineo con expresión
inescrutable y fumando un cigarrillo. La joven y el niño
subieron al vehículo y Tom
agitó las riendas impaciente. El caballo se puso en
marcha de regreso a la casa.
Nevaba ligeramente y la brisa soplaba, haciendo que los
copos se dispersaran en
todas direcciones. _______ suspiró y alzó el rostro hacía
las copas de los abetos, sin
preocuparle que se le hubiera caído la capucha, dejando
al descubierto su dorado
cabello. Se sentía más viva que nunca. Había algo en
aquel paraje sin domar que la
hacía sentir en paz consigo misma... por primera vez
desde aquella tragedia.
—¿Disfrutas del paseo? —inquirió Tom de repente.
—No te lo puedes imaginar —contestó _______—. Este lugar
es tan hermoso...
Tom asintió. Sus ojos negros recorrieron el rostro de la
joven, deteniéndose en
las mejillas arreboladas por el frío, antes de volver a
fijar la vista en el camino.
_______ notó que había estado mirándola, pero aquello,
lejos de alegrarla, la llenó
De preocupación, porque Tom parecía nuevamente enfadado.
Y de hecho lo estaba. De regreso en la casa quedó patente
que se había
encerrado en sí mismo y no tenía intención de salir:
apenas le dijo dos palabras
seguidas a _______ antes de que ella y Elliot subieran a
sus dormitorios.
—Ya se ha enfurruñado —le dijo el niño a la joven—. Le
pasa a veces. No le dura
mucho, pero cuando está así es mejor no buscarle las
cosquillas.
—Oh, te doy mi palabra de que no lo haré —le prometió
_______.
Sin embargo, no le sirvió de mucho, ya que durante el
desayuno a la mañana
siguiente y durante la comida, Tom la obsequió con
miradas furibundas. Estaba
empezando a sentir verdaderamente que su presencia allí
era non grata.
Decidida a no dejarse influir por su ánimo, ________ se
entretuvo ayudando a
Harry a cocinar y cosiendo el bajo de una cortina, y
después fue a dar de comer a los
terneros, la tarea que más le agradaba.
Cuando regresó a la casa, Harry le pidió que fuera
poniendo la mesa para la cena.
Había terminado, y estaba en la cocina aliñando la
ensalada, cuando vio por la ventana
detenerse el trineo frente a la casa. Tom bajó de él y al
cabo de un rato escuchó
abrirse y cerrarse la puerta de la casa.
______sintió que los latidos de su corazón se aceleraban.
Tom había entrado
en la cocina y se había quedado parado observándola. Sus
ojos fueron del delantal
que llevaba puesto al bol de ensalada que tenía en la
mano.
—Vaya, ¡si hasta pareces un ama de casa...! —exclamó
sarcástico.
Aquel ataque la sorprendió, aunque, irritado como había
estado desde el día
anterior, no debiera haberla sorprendido su actitud.
—Solo estoy ayudando a Harry —contestó ella.
—Ya lo veo.
Mientras el ranchero se lavaba las manos en el fregadero,
_______ no pudo
evitar quedarse admirando cómo el musculoso torso se
marcaba bajo la camisa de
cuadros. Tom la pilló mirándolo, y sus ojos oscuros
relampaguearon furiosos.
La joven, fascinada por las reacciones que provocaba en
él, olvidó que no debía
forzar su suerte, y se acercó a él en silencio,
envolviendo sus manos mojadas en el
paño de la cocina. Lo miró a los ojos mientras las
secaba.
Tom entrecerró los ojos y dejó por un instante de
respirar. Un tropel de
sensaciones se arremolinaron en su interior: soledad,
ira, ansiedad, lujuria... El
perfume dulzón de _______ invadía sus orificios nasales
embriagándolo. Bajó la
mirada al perfecto y suave arco que formaban sus labios,
preguntándose cómo sería
inclinarse hacia ellos y besarlos. Hacía tanto que no
besaba a una mujer, que no tenía
a una mujer entre sus brazos... Y _______ era tan
femenina que hacía que despertaran
sus instintos más básicos. Casi se sentía vibrar de
necesidad cuando la tenía tan cerca.
No, no podía dejarse llevar por esas emociones, se dijo
con firmeza. Si lo hacía
estaba abocado al desastre. No era más que otra loba con
piel de cordero. Seguramente
la aburría aquel aislamiento, aquel confinamiento en las
montañas, y quería
divertirse con él un rato. Si creía que iba a camelarlo
con sus encantos estaba muy
equivocada. Dio un resoplido y le arrancó la toalla de
las manos.
—Oh... Lo siento —balbució la joven.
Esa violencia repentina la asustó, porque demostraba que
el ranchero no
controlaba del todo sus emociones, y se apartó de él. Esa
agresividad inherente al
género masculino siempre la había hecho mantenerse a
cierta distancia de los
hombres, porque la había sufrido hasta que se escapó de
casa.
Se dio la vuelta para no tener que mirarlo, y se puso a
remover una salsa que
estaba calentando en el fuego.
—No te acomodes demasiado —le advirtió Tom—, la
cocina es el territorio de
Harry, y no le gustan los intrusos. Tú solo estás de paso
por aquí.
—No hace falta que me lo recuerdes —le espetó ella
enfadada, girando la cabeza
y mirándolo directamente a los ojos—. En cuanto se
derrita la nieve me marcharé y te
dejaré tranquilo para siempre.
—Esperemos que ocurra muy pronto —masculló él con veneno
en la voz.
_______ sintió deseos de zarandearlo. ¿Qué le había hecho
ella? ¿Qué había
hecho para merecer aquella hostilidad? Era irónico que
hubiese ido a las montañas
para descansar después de un suceso traumático, y que se
encontrara en medio de una
batalla que ella no había comenzado.
—Haces que me sienta tan a gusto... —le dijo con
sarcasmo—, como si fuera de la
familia. Gracias por tu generosa hospitalidad, Tom. ¿Qué
más podría pedir? No sé,
¿un poco de cianuro en mi vaso?
Tom la miró airado y salió de la cocina a grandes
zancadas.
Después de la cena, _______ se ofreció para fregar los
platos, pero Harry
insistió en que no era necesario. Tom, como cada noche,
se encerró en su estudio con
sus libros de cuentas, así que _______ se sentó con
Elliot a ver una película de
ciencia-fícción, y después accedió a darle una nueva
lección de música con el teclado.
—Creo que ya me sale la escala del do mayor — anunció
Elliot tocándola.
—¡Eh, muy bien! —lo aplaudió _______—. Pues entonces
pasaremos a la del sol
mayor.
Se la explicó, y mientras Elliot practicaba, no pudo
evitar que su mente volviera a
Tom.
—¿En qué piensas? —inquirió el chiquillo viendo qué se
había puesto muy seria.
—Oh, en nada... bueno, la verdad es que estaba pensando
en que tu padre no me
quiere aquí —murmuró encogiéndose de hombros.
—No es culpa tuya —la consoló Elliot—. Mi padre odia a
todas las mujeres, creía
que ya lo sabías.
—Sí, pero... ¿porqué?
El muchacho meneó la cabeza.
—Es por mi madre. Le hizo algo terrible. Nunca habla de
ella. Tengo suerte de
que me quiera a pesar de todo.
«¡Qué modo tan extraño de hablar de su padre!», pensó
______ escrutando el
rostro del pequeño. Sin embargo, prefirió no hacer ningún
comentario al respecto.
—¿Por qué no tocas una canción? ¿Algo de rock? —propuso
Elliot cambiando de
Tema.
—De acuerdo —aceptó _______ con una sonrisa—, pero tendrá
que ser algo suave
—añadió mirando con aprensión la puerta cerrada del
estudio.
Elliot siguió su mirada.
—¡Ah, no, vamos a hacerlo de rabiar! —dijo con una
sonrisa traviesa.
—¡Elliot! —se rio la joven sorprendida.
—Le hace falta un poco de ritmo. Tendrías que verlo
cuando vamos a la iglesia y
se le acerca alguna de las mujeres solteras del pueblo.
Se pone rojo y muy vergonzoso
—le dijo entre risas—. Tenemos que salvarlo, ______, o
morirá siendo un solterón
—añadió con mucha solemnidad.
_______ meneó la cabeza y suspiró, pero después sonrió.
—Muy bien, prepárate: este puede ser tu funeral,
amiguito... —subió el volumen
casi al máximo, y empezó a tocar una canción muy movida
de un grupo del momento, al
tiempo que Elliot y ella se ponían a cantarla.
No hubo pasado ni un minuto cuando, hecho una furia, salió
Tom de su estudio
pegando un portazo.
—¡Por todos los demonios...! —masculló.
______, rápida como el rayo, había arrastrado el teclado
para ponerlo frente a
Elliot.
—¡No! —gimió el muchacho—. ¡Ha sido ella, lo juro!
—exclamó señalándola
acusador ante la mirada furibunda de su padre.
La joven miró a Tom y fingió estar muy ofendida.
—¿Me pondría yo a tocar a todo volumen en tu casa
habiéndome advertido que no
lo hiciera? —preguntó con aire de no haber roto un plato
en su vida.
Tom entornó los ojos y volvió la cabeza hacia Elliot.
—Bajadle la voz a ese chisme —dijo alzando el índice
amenazador—, o le daré el
enterramiento que se merece. ¡Y no quiero volver a oír
más esa música demoníaca en
mi casa! Además, tienes los audifonos, ¿verdad? ¡Pues
úsalos!
—Sí señor —balbució el chico tragando saliva. Iba amatar
a _______...
La joven, que no se había asustado en absoluto de aquel
arranque de ira, hizo un
gesto de saludo militar.
—A la orden.
Si hubiera podido, Tom la habría fulminado con la mirada.
Se giró sobre los
talones, volvió al estudio malhumorado y cerró dando otro
portazo.
_______ prorrumpió en risas, mientras Elliot la golpeaba
en la cabeza con un
cojín.
—¡Eres un diablo! —le espetó—, ¡mintiéndole a mi padre y
acusándome de algo que
no he hecho!
—Lo siento, no lo he podido evitar —se disculpó ella
entre risas ahogadas—.
Además, fue idea tuya.
—¡Nos matará a los dos —le aseguró Elliot parando, con
una sonrisa maliciosa—.
Se quedará toda la noche despierto pensando en como
hacérnoslo pagar y cuando
menos nos lo esperemos... ¡bang!
—Que lo intente —se rio _______ tratando de recuperar el
aliento—. Anda,
venga, prueba otra vez con la escala de sol mayor.
Elliot hizo caso, pero, por si las moscas, bajó el
volumen al mínimo.
Hacia las nueve, Tom volvió a salir del estudio y apagó
una de las luces del
salón.
—A la cama —ordenó.
______ quería haber visto una película que habían
anunciado para más tarde,
pero prefirió no decir nada.
—Buenas noches, papá, buenas noches, _______ —dijo Elliot
sonriendo a la joven
mientras subía las escaleras.
—¿Has hecho los deberes? —le preguntó Tom siguiéndolo con
la mirada.
—Casi —contestó el niño parándose en un escalón.
—¿Qué diablos significa eso de «casi»? —exigió saber su
padre.
—Que los terminaré mañana a primera hora —contestó el
niño terminando de
subir los escalones de dos en dos antes de que pudiera
reñirle—. ¡Hasta mañana!
Se oyó cómo se cerraba la puerta de su dormitorio, y Tom
se volvió hacia
_______ con una mirada peligrosa.
—No quiero que esto vuelva a pasar —le dijo con
aspereza—. Los deberes de
Elliot son lo primero. La música puede que sea una
afición muy bonita, pero no
le va a dar de comer.
«¿Y por qué no?», querría haberle preguntado ella, «a mí
me da una bonita suma
de ingresos anuales».
—Tranquilo, me aseguraré de que haya hecho los deberes
antes de darle más
lecciones de música.
—Eso está mejor —farfulló Tom — . Muy bien, vamonos a la
cama.
______, fingiéndose escandalizada, se llevó las manos al
pecho y aspiró aire por
la boca, abriendo los ojos como platos.
—¿Juntos? ¡Señor Kaulitz!, ¡nunca hubiera pensado esto de
usted! —exclamó.
Tom entornó los ojos sin esbozar siquiera una sonrisa.
—Nevará en el infierno antes de que yo me meta en una
cama contigo —le
respondió en un tono gélido—. Ya te dije que no me gustan
las cosas de segunda mano.
—Pues tú te lo pierdes —replicó ella con descaro, optando
por el humor para
contener el impulso de tirarle algo a la cabeza—. En mi
mundo la experiencia es algo a
lo que se le da mucho valor —murmuró pasándose las manos
por la cintura y las caderas
y parpadeando con coquetería—. Y yo, soy «muy» experta...
— «...en lo que se refiere a
la música», añadió para sí.
—Sí, eso salta a la vista —dijo Tom apretando la
mandíbula—, y te agradecería
que no fueras exponiendo tu visión del mundo delante de
mi hijo, no quiero que nadie
lo corrompa.
—Si de verdad quieres que se convierta en un hombre
juicioso el día de mañana,
deberías dejarle formarse sus propias opiniones.
—Solo tiene doce años.
—Sí, y tú no estás preparándolo para vivir el mundo real
—repuso ella.
—«Esto» es el mundo real para él, no la ciudad, donde
mujeres como tú van de
bar en bar, seduciendo a los hombres.
—¡Oye, oye, espera un momento! —protestó ella al
instante—, yo no voy de bar en
bar seduciendo a los hombres.... —esbozó una sonrisa
traviesa—. En realidad voy de
parque en parque, tapada solo con una gabardina, y
abriéndola cada vez que me
encuentro con un anciano.
Tom no lo encontró gracioso.
—Vamos, arriba —ordenó de nuevo girándose hacia la
escalera.
—De acuerdo, de acuerdo... ¿tu habitación o la mía?
Tom se giró en redondo con una mirada furibunda en sus
ojos negros. Vio que la
joven estaba sonriendo provocativa. Solo quería picarlo,
lo sabía. Entonces... ¿por qué
se sentía excitado? Odiaba aquellas estúpidas reacciones
automáticas de su cuerpo.
—Está bien, está bien, no haré más bromas... —murmuró
_______, haciendo un
gesto apaciguador con las manos. Podía ver que estaba
llegando al límite del control
sobre sí mismo, y no se sentía tan valiente como para
ponerlo a prueba más allá de
esas barreras—. Buenas noches.
Y comenzó a subir las escaleras. Tom se quedó un instante
abajo, tratando de
recobrar el dominio sobre sí mismo, y al cabo de un rato
subió también.
______ estaba sacando su pijama de la cómoda cuando
escuchó cerrarse la
puerta de la habitación de Tom, y cómo echaba el
pestillo. Dejó escapar una risa
incrédula, sorprendida de esa niñería. Se sentó en la
cama con un profundo suspiro.
No acababa de saber cómo tenía que tratar a aquel hombre.
En fin, tenía que intentar
tomárselo con filosofía. Al fin y al cabo, aquello era
solo algo temporal...
Tom estaba pensando exactamente lo mismo en su
dormitorio. Sin embargo,
cuando apagó la luz y cerró los ojos, era incapaz de
quitársela de la cabeza, de dejar
de recordar la cosquilleante sensación de sus cabellos de
oro rozándole el tórax.
En medio de la noche se despertó, bañado en sudor, y no
consiguió volver a
dormirse. Aquella fue la peor noche de toda su vida, y la
más larga también.
A la mañana siguiente, en cuanto Elliot hubo salido por
la puerta para irse al
colegio, Tom alzó la vista hacia _______, sentada frente
a él en la mesa, mirándola
fijamente con el ceño fruncido.
—Ayer se me olvidó decirte que no quiero que vuelvas a
tocar ni una sola de mis
camisas —le dijo—. Si les faltan botones, o hay que
remendarlas o plancharlas, Harry
se encargará de ello, para eso le pago.
______ enarcó las cejas.
—No tengo ninguna enfermedad contagiosa ni nada parecido
—le espetó—, no voy
a pegarte nada solo por coserlas.
—He dicho que no vuelvas a tocarlas —repitió Tom con
dureza.
—Muy bien, como quieras... —suspiró ella encogiéndose de
hombros—, me
entretendré haciendo almohadones de encaje para tu cama.
Tom masculló por lo bajo una ristra de improperios.
_______ se quedó
observándolo boquiabierta. Nunca lo había oído usar esa
clase de lenguaje.
Lo cierto era que él también parecía sentirse mal por
haberlo usado, ya que soltó
el tenedor, se levantó de la mesa y salió de la casa como
si lo estuvieran persiguiendo.
_______ se sintió culpable por haberlo pinchado. Ni
siquiera se había terminado
el desayuno... La verdad era que ni siquiera sabía por
qué lo hacía. Tal vez, se dijo, tal
vez lo hiciera para mantenerlo a raya, o para que no se
diera cuenta de lo mucho que la
atraía.
—Harry, voy a dar de comer a los terneros —le dijo al
anciano, yendo a la cocina.
—Pues abrigúese, señorita, está nevando otra vez.
La joven se puso el abrigo, los guantes y el gorro de
lana, y se encaminó al
establo por el camino que Tom había abierto en la nieve.
Sin embargo, cuando llegó
allí, se encontró con que el ranchero estaba preparando
los biberones.
—No hace falta que me sigas para llamar mi atención —le
dijo la joven con una
sonrisa maliciosa—. Ya me he dado cuenta de lo sexy y
atractivo que eres.
Tom resopló, y estaba a punto de decir algo, cuando ella
se acercó y le tapó la
boca.
—No vuelvas a utilizar ese lenguaje conmigo —le
advirtió—. No te preocupes, no
te molestaré. Me quedaré ahí, junto a ese poste,
admirándote desde la distancia. De
momento me parece más seguro que tirarme sobre ti.
Tom parecía estar debatiéndose entre sacarla de allí sin
miramientos o besarla.
_______ se quedó muy quieta, y los ojos suspicaces del
ranchero descendieron hacia
sus mejillas arreboladas y los labios entreabiertos.
De pronto, sin saber muy bien cómo, _______ se dio cuenta
de que tenía las
manos sobre el tórax de Tom, y de que este la había
rodeado con sus brazos. La
joven apenas podía respirar. ¡La había tocado
voluntariamente! El ranchero la tomó
por la barbilla y se la alzó, obligándola a mirarlo a los
ojos. Había ira en ellos y también
resentimiento.
—¿Qué es lo que buscas? —inquirió con frialdad.
—Pues... me conformaría con una sonrisa, unas palabras
amables y... no sé, tal vez
unas risas —musitó ella.
Los ojos de Tom volvieron a bajar a sus labios.
—¿Estás segura? —preguntó—, ¿nada más?
_______ dejó escapar un suspiro tembloroso por entre los
dientes.
—T... tengo que... alimentar a los terneros.
Tom entornó los ojos aún más, y la tomó por los brazos,
apretando sus dedos de
modo que ella podía sentirlos a través del abrigo.
—Ten cuidado con lo que me ofreces —le dijo en un tono
gélido—: hace demasiado
tiempo que no he estado con una mujer, y un hombre puede
sentirse muy solo aquí
arriba, en las montañas. Si como dices no eres lo que yo
creo que eres, será mejor que
dejes de provocarme, o te meterás en problemas.
______ lo miró a los ojos, comprendiendo solo a medias lo
que quería decirle. Sin
embargo, poco a poco el significado de sus palabras fue
calando en ella, haciendo que
sus mejillas se encendieran y se le secara la garganta.
—Eso... me ha sonado a amenaza —balbució.
—Es una amenaza, _______ —contestó Tom—. No creo que
quieras dar pie a
algo de lo que luego quieras escapar.
La joven se mordió el labio inferior, nerviosa. Nunca
hasta entonces había tenido
miedo de él, pero en ese momento, al ver aquel brillo de
advertencia en los ojos,
temió estar jugando con fuego.
Tom la soltó al fín, tomó los biberones del suelo y se
los tendió.
—No tienes que preocuparte —murmuró ella, recuperando su
ironía—, no te
atacaré por la espalda. No suelo violar a los hombres.
El ranchero enarcó una ceja, pero no sonrió.
—Eres una loca temeraria —masculló entre dientes.
—Y tú un mojigato sin sentido del humor —masculló ella a
su vez.
_______ hubiera jurado que, por un instante, los labios
de Tom se habían
arqueado en una leve sonrisa.
—Dales de comer y vuelve a la casa. No querría que te
perdieras en la nieve.
—Estoy segura de ello —murmuró ella con una dulce
sonrisa. Pero en cuanto el
ranchero se dio la vuelta y salió del establo le sacó la
lengua.
Se arrodilló junto a los terneros, aún agitada por
aquella confrontación con
Tom. Era un verdadero enigma. En cualquier caso era obvio
que no reía mucho.
El ternero más pequeño no estaba respondiendo tan bien
como había parecido al
principio. Lo acarició con ternura y lo instó a chupar el
biberón, pero lo hizo sin
demasiado entusiasmo. _______ dejó que volviera a echarse
con un suspiro de
desesperanza. No tenía buen aspecto. El resto del día
estuvo preocupada por él. Tanto,
que cuando Tom apagó el televisor a las nueve no
protestó, y se fue derecha a la
cama, bajo las miradas extrañadas de Elliot y de su
padre.
HOLA!! TRES O MAS Y AGREGO MAÑANA :))
Me encantaaa!!
ResponderEliminarSiguelaa..
Me encanta *.*
ResponderEliminarSube pronto
Me encantooo sube hoy siiii
ResponderEliminarSubeee quiero leer mas virgiii
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