Capítulo 4
_______ estuvo muy callada durante el desayuno a la
mañana siguiente. Seguía
preocupada por el ternero, y no se atrevía casi a alzar
la vista de su plato y su taza, ya
que el ranchero estaba observándola con el mismo aire
suspicaz e irritado de siempre,
como si lo molestara su sola presencia. La verdad era que
ella sola se lo había buscado,
pinchándolo como lo había pinchado durante los últimos
días... El problema era que se
sentía atraída por él, y cuanto más lo conocía, más le
gustaba. ¡Era tan distinto de los
hombres superficiales y materialistas de su propio mundo!
Cierto que era muy
cabezota, y algo brusco, pero era innegable que tenía
también grandes valores que se
reflejaban en su día a día. Vivía de acuerdo con un
rígido código ético, y cosas como el
honor significaban mucho para él. Además, en el fondo era
un hombre sensible y
cariñoso. No, _______ no se arrepentía de aquellos
sentimientos que estaban surgiendo
en su interior hacia él, y, de hecho, quería ir más allá,
pero le preocupaba haber
empezado con mal pie.
Al levantarse de la cama aquella mañana había decidido
que iba a intentar
acercarse a él, y estaba segura de que solo podría
conseguirlo si actuaba siendo como
ella era en realidad.
A pesar de que Tom gruñó y se enfadó cuando la vio haciendo
tareas
domésticas, ella no se amilanó. Estaba convencida de que
lo ponía de tan mal humor
precisamente porque se sentía atraído por ella, y no
quería admitirlo. La verdad era
que no se comportaba como un hombre experimentado, a
pesar de que había estado
casado, y la miraba con una intensidad inusitada. Si
pudiera lograr que sacara fuera
sus sentimientos...
Un poco más tarde fue a dar de comer a los terneros, y la
preocupó aún más ver
que el más pequeño respondió aún peor que el día anterior
a sus intentos de
alimentarlo.
Cuando Elliot llegó a casa, le dijo que hasta que no
hubiera terminado los deberes
no se pondrían con las lecciones de música. El chiquillo
lanzó una breve mirada a su
padre con el rabillo del ojo, sabiendo que era cosa suya,
pero dirigió una sonrisa
resignada a la joven y subió a su cuarto.
Harry había salido a por más leña, y _______ se quedó en
el salón con Tom
viendo un telediario. Como siempre, pensó el ranchero,
todas las noticias eran malas:
accidentes, asesinatos, terrorismo, huelgas... Apagó el
cigarrillo irritado.
—¿No echas de menos la ciudad? —le preguntó de repente a
_______, que estaba
sentada en el sofá frente al sillón orejero que él
ocupaba.
—Bueno —contestó ella con una sonrisa, levantándose—,
echo de menos el bullicio
y a mis amigos, pero esto es muy agradable — se acercó
lentamente al sillón de Tom,
fijándose en cómo este la miraba suspicaz, como si fuera
a saltar sobre él — . Espero
que no te moleste... tenerme aquí, quiero decir.
El ranchero la miró un momento a los ojos antes de
apartar la vista.
—Supongo que podría decirse que me estoy acostumbrando a
ti —le dijo con
tirantez—, pero no te acomodes demasiado.
—¿Sí que te molesta que esté aquí, verdad? —inquirió _______
quedamente.
—No, lo que pasa es que no me gustan las mujeres
—masculló él con un resoplido
irritado.
—Eso ya lo sé —dijo ella sentándose en el brazo del
sillón de Tom—, pero no
porqué.
El cuerpo de Tom se puso rígido ante la proximidad de
_______. Olía tan bien...
Se removió incómodo en el sillón.
—No es asunto tuyo —le espetó—. Haz el favor de volver al
sofá.
¡De modo que sí lo ponía nervioso!, se dijo _______ con
satisfacción. Sonrió
dulcemente al tiempo que se inclinaba hacia él.
—¿Seguro que es eso lo que quieres? —le preguntó en un
susurro.
Y, de pronto, sin apenas darse cuenta de lo que estaba
haciendo, mandó la
prudencia a paseo y se deslizó sobre su regazo, apretando
ávidamente sus labios
contra los de él.
Tom se puso muy tenso de momento, incluso dio un
respingo, y la agarró por los
antebrazos con tal fuerza, que le estaba haciendo un poco
de daño, pero al instante
siguiente, durante un largo y dulce minuto, respondió al
beso y gimió profundamente,
como si todos sus sueños se hubieran hecho realidad de
repente.
Sin embargo, en cuanto se dio cuenta de lo que estaba
pasando, rompió el
hechizo del momento, poniéndose en pie hecho una furia,
haciendo que la joven cayera
al suelo.
—Maldita seas —masculló con veneno en la voz. Tenía los
puños apretados junto a
los costados, y todo su cuerpo parecía vibrar de ira—,
¡pequeña zorra barata!
_______ estaba temblando, asustada por la violencia que
se reflejaba en su
rostro tenso y en los negros ojos relampagueantes.
—Yo no soy...
—¿No puedes vivir sin sexo durante unos pocos días, o es
que estás tan
desesperada como para intentar seducirme? —siseó,
mirándola con desprecio—. Ya te
he dicho que conmigo no funcionará. No quiero lo que
cualquier hombre puede tener.
No quiero nada de ti, y menos ese cuerpo que ha pasado de
mano en mano.
_______ se puso de pie, con las piernas temblándole. No
podía articular una
palabra. Su padre se ponía exactamente igual cuando
bebía: el rostro enrojecido, los
músculos tensos, totalmente fuera de control... y
terminaba golpeándola. Dio unos
pasos atrás, para alejarse de Tom, y cuando él hizo
ademán de ir hacia ella, se volvió
rápidamente y salió corriendo del salón.
Tom se había quedado de pie, allí plantado, totalmente
confuso por su reacción.
¿Por qué se había asustado? Solo le había dicho la
verdad. Tal vez no le gustara tener
que oírla, pero era la verdad.
Volvió a sentarse.
—¿Dónde iba _______? — preguntó Elliot bajando de repente
por la escalera.
—¿Qué? —inquirió Tom enarcando una ceja.
—¿Dónde iba _______ con tanta prisa? —repitió el
chiquillo—. La he visto por la
ventana, alejándose por en medio de la nieve. ¿Le dijiste
lo de las trampas de
McNaber? ...porque va exactamente en esa dirección, y
si... ¡papá!, ¿dónde vas?
Tom se había puesto de pie y se dirigía ya a la puerta.
Fue a ponerse a toda
prisa la chaqueta y el sombrero, el rostro lívido, y una
mezcla de ira y temor en los
ojos.
—Creo que estaba llorando —murmuró Elliot siguiéndolo al
vestíbulo.
—Quédate aquí —le ordenó su padre saliendo de la casa.
Siguió el camino que el cuerpo de ________ había abierto
entre la nieve al avanzar.
No alcanzaba a verla en la lejanía. ¡Dios!, ¿cómo podía
haber hecho una locura
semejante? Las trampas de McNaber estaban enterradas muy
profundas en la nieve, y
no habría manera de que las viera hasta que estuviera
encima de ellas y... No quería ni
pensarlo. Era todo culpa suya, por haberla herido como lo
había hecho.
Unos metros más adelante, ya en el bosque, _______
maldecía a Tom en silencio
mientras avanzaba contra la ventisca de nieve, las
lágrimas rodándole por las mejillas.
Ojalá lo devoraran los lobos, pensó, o que su caballo se
encabritara y lo tirara. ¡Solo
había sido un beso!, ¿por qué había tenido que reaccionar
así? Además, durante unos
instantes le había respondido...
¡Maldito Tom Kaulitz! Ella solo había tratado de
mostrarse amistosa con él,
pero la había malinterpretado por completo. Estaba segura
de que la odiaba, lo había
visto en sus ojos, cuando la había llamado «pequeña zorra
barata».
Se detuvo un momento a recobrar el aliento y siguió
adelante. La cabaña no debía
estar muy lejos. Se quedaría allí aunque muriera de frío.
Cualquier cosa era preferible
a tener que pasar un segundo más bajo el mismo techo que
aquel hombre abominable.
—¡_______!
La joven volvió a pararse. Le había parecido oír su
nombre, pero era imposible,
debía haber sido el viento... Continuó avanzando.
Distinguió una cabaña en la lejanía,
pero no era la del señor Durning.
—¡_______!
Era un grito desesperado, y parecía la voz de Tom. Giró
la cabeza para mirar
por encima del hombro y lo vio.
—¡Déjame en paz!, ¡márchate! —le gritó—, ¡me vuelvo a la
cabaña!
Y continuó hacia delante, empujando la nieve con todas
sus fuerzas. Sin embargo,
Tom tenía ventaja sobre ella, ya que avanzaba por el
camino que ella iba abriendo, y
pronto le dio alcance, agarrándola por la cintura.
_______ pataleó, pero Tom era más
fuerte y al cabo no tuvo más remedio que rendirse.
—¡Te odio! —masculló, con los dientes castañeteándola por
el frío—. ¡Te odio!
—Me odiarías más aún si no te hubiera detenido —le
aseguró Tom
esforzándose por recobrar el aliento—. Esa es la cabaña
de McNaber y tiene puestas
trampas para osos por todo el lugar. Si hubieras dado
unos pasos más ahora estarías
atrapada en alguna de ellas. Ni siquiera podrías haberlas
visto con todo este espesor
de nieve.
—¿Y acaso te habría importado? —le espetó ella—. Sé que
no me quieres cerca
de ti, y no pienso quedarme más tiempo en tu casa.
Prefiero arriesgarme y quedarme
en la cabaña.
—Ni hablar —dijo él haciéndola y girarse y sacudiéndola—.
Vas a volver conmigo,
¡aunque tenga que llevarte a rastras!
La joven se estremeció. Aquellos arranques violentos de
Tom la asustaban,
porque le recordaban a su padre. El labio inferior le
temblaba, y trató nuevamente de
zafarse.
—Déjame ir... —gimió.
Tom frunció el ceño al ver que _______ estaba blanca como
una sábana. Al fin
se dio cuenta de lo que ocurría y la soltó. La joven dio
un vacilante paso atrás para
alejarse de él, y se quedó mirándolo con los ojos muy
abiertos, como un cervatillo
asustado.
—¿Tu padre te pegaba? —inquirió Tom con voz queda.
_______ se estremeció.
—Solo cuando bebía —musitó—. Claro que eso era casi todos
los días —añadió
riéndose con amargura.
Tom inspiró despacio y bajó la cabeza avergonzado.
—Lo siento —le dijo—, lo siento de verdad,
_______. Soy un hombre un poco
brusco —se disculpó—, pero nunca te pegaría, si era eso
lo que estabas pensando.
Solo un cobarde levantaría la mano contra una mujer —le
dijo con firmeza.
______ se rodeó con los brazos, y se quedó allí en
silencio, mirando al suelo y
temblando de frío.
—Anda, volvamos a casa o te congelarás —murmuró él.
Aquel repentino aire indefenso lo había desarmado por
completo. Sentía al mismo
tiempo culpabilidad y deseos de protegerla. Quería
abrazarla y acunarla contra sí,
decirle que todo estaba bien, pero cuando hizo ademán de
dar un paso hacia ella, vio
que _______ daba un respingo y retrocedía. Hasta ese
momento nunca había
imaginado lo que podría dolerle su rechazo, y eso le
confirmó aún más lo que
sentía por ella. Se quedó quieto y alzó las manos en actitud
tranquilizadora.
—No voy a tocarte —le prometió. Se hizo a un lado—.
Vamos, cariño, ve tú
delante si quieres.
_______ sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
«Cariño...» Era la primera
vez que utilizaba un término así con ella, y aquello la
conmovió profundamente.
Sin embargo, se dijo que no debía engañarse. Si la estaba
tratando con tanto tacto
Era solo porque se sentía culpable. Dejó escapar un
suspiro, y pasó a su lado,
desandando el camino.
Tom la siguió, dando gracias a Dios en silencio por que
no se hubiera alejado
más y se hubiera tropezado con las trampas del viejo
McNaber. Sin embargo, había
algo que lo había dejado muy preocupado: la había
asustado, había hecho que le
tuviera miedo.
Cuando llegaron a la casa, Harry y Elliot miraron primero
el rostro de _______ y
luego el de Tom, y supieron al instante que era mejor no
hacer preguntas.
Durante la cena, la joven estuvo sentada en la silla como
una estatua. Ni siquiera
habló cuando Elliot intentó hacerla entrar en la
conversación, y después se acurrucó
en el sofá del salón como un ratoncillo frente al
televisor.
Tom no podía imaginar los terribles recuerdos que había
hecho aflorar en su
memoria, como había vuelto a sacar a flote el miedo que
la había atenazado durante
toda su infancia. Su padre era un hombre alto y
corpulento, y siempre se ponía violento
cuando bebía. Después, cuando volvía a estar sobrio le
decía que estaba arrepentido, y
lloraba al ver los cardenales y heridas que le había
hecho, pero al cabo de un par de
días volvía a ocurrir lo mismo. No podía soportarlo más,
y por eso cuando tuvo edad
suficiente se escapó.
Aquella noche, Elliot, prudentemente, no le pidió que
siguieran con las lecciones
de música, y media hora antes de la que acostumbraban a
acostarse dijo que estaba
cansado y subió a su dormitorio. Harry lo siguió al poco
rato.
Tom estaba sentado en su sillón, absorto, fumando un
cigarrillo, pero alzó el
rostro cuando vio que ella se levantaba y se dirigía a
las escaleras.
—Espera —le dijo—, no te vayas todavía. Tenemos que
hablar.
—No tenemos nada de qué hablar —murmuró ella—. Siento
mucho lo que hice
esta tarde. Fue algo estúpido e impulsivo, pero te doy mi
palabra de que no volverá a
ocurrir. Tal vez dentro de poco deje de nevar, y se
derrita la nieve. Si puedes
aguantarme entretanto... después no volverás a saber de
mí.
Tom dejó escapar un suspiro exasperado.
—¿Es eso lo que crees que quiero? —inquirió escrutando su
rostro.
—¿Acaso puedo creer otra cosa, tal y como me has tratado
desde que llegué?
—Tengo razones que tú no conoces para desconfiar de las
mujeres, ______ —dijo
Tom apartando el rostro. Cada vez que la miraba revivía
el beso, y eso lo turbaba—.
Lo que quiero saber, es por qué pensaste que iba a
pegarte.
_______ bajó la vista.
—Pues... porque eres grande y fuerte, como mi padre
—murmuró—. Y por que
cuando perdía los estribos me pegaba.
—Pero yo no soy él —apuntó Tom—. Además, no voy por ahí
pegando a la gente,
ni siquiera cuando pierdo los estribos, como tú dices.
Bueno, una vez le di un puñetazo
a un tipo en un bar, pero se lo merecía. Y jamás levanté
la mano contra la madre de
Elliot, aunque siendo sincero te juro que un par de veces
me sentí tentado de hacerlo...
ni siquiera cuando me dijo que estaba embarazada de
Elliot.
—¿Y por qué ibas a haberla pegado? —inquirió ella
extrañada—. Es tu hijo...
Tom dejó escapar una risa amarga.
—No, no lo es.
_______ se quedó mirándolo boquiabierta.
—Elliot... ¿no es hijo tuyo? —repitió quedamente.
Él meneó la cabeza.
—Su madre tenía una aventura con un hombre casado y los
descubrieron
—explicó—. Yo solo tenía veintidós años y estaba todavía
muy verde. No sabía nada de
la vida, y por supuesto no tenía ni idea de aquello. Ella
se propuso seducirme para que
le pidiera que se casara conmigo y no ser madre soltera.
Era muy bonita, y enseguida
me tuvo comiendo de su mano. Nos casamos y, justo después
de la ceremonia, me dijo
lo que había hecho, riéndose de lo ingenuo que había
sido, y de lo torpe que era; me
dijo incluso que le repugnaba, que cada vez que me había
besado había tenido que
contener las náuseas, y que no soportaba la idea de hacer
el amor conmigo. Me habló
del padre de Elliot, y de cuánto lo amaba. Yo estaba
furioso, pero como ella apuntó, si
le contaba a la gente la verdad, acabaría siendo el
hazmerreír en toda la región. En
aquella época yo tenía un orgullo de mil demonios, peor
aún que ahora, y no podía
soportar la idea de que todo el mundo se riera de mí. Así
que no tuve más remedio que
seguir su pantomima... hasta que nació Elliot, porque,
siendo solo un bebé, huyo con su
amante. Por desgracia para ellos tuvieron un accidente en
la autopista y se mataron los
dos.
—¿Y sabe Elliot que no eres su padre? —inquirió ______
mirando hacia la
escalera y bajando la voz.
—Por supuesto que lo sabe —contestó Tom — . Yo jamás le
mentiría, pero me he ocupado
de él desde que era un bebé, así que para mí es como si
verdaderamente fuera mi hijo.
Lo quiero con toda mi alma.
La joven escrutó su rostro, leyendo en sus ojos lo que
debía haber sufrido.
—La amabas, ¿verdad?
—No era más que un enamoramiento juvenil —repuso él—.
Siempre fui muy
tímido y torpe con las chicas, y cuando apareció ella y
empezó a prestarme un poco de
atención... No sé, supongo que me sentía tan solo que me
agarré a ella como a un clavo
ardiendo —añadió encogiéndose de hombros—. Pero aprendí
la lección, y no volveré a
dejar que otra mujer juegue conmigo.
Entonces _______ comprendió:
—Eso es lo que pensaste esta tarde cuando te besé, que
estaba jugando
contigo... —murmuró—. Lo siento, no imaginé que...
—¿Por qué lo hiciste, _______?, ¿por qué me besaste?
La joven se sonrojó ligeramente al recordarlo. Por lo
general no era tan lanzada.
—¿Me creerías si te dijera que porque lo deseaba? —
inquirió con una leve
sonrisa—. Eres un hombre muy atractivo, y hay algo en ti
que hace que me tiemblen las
rodillas cada vez que me miras. Pero no tienes que
preocuparte, no volveré a besarte
—le dijo—. Buenas noches, Tom. Y tampoco tienes que
preocuparte por que vaya a
difundir lo que me has contado. No soy una chismosa, y
detesto los cotilleos.
Se giró hacia las escaleras y empezó a ascender por
ellas. Los negros ojos de
Tom la siguieron fascinados. Tenía un porte tan elegante,
tan lleno de gracia y de
orgullo... En ese momento lamentó haberla tratado con
tanta brusquedad, y las
palabras que le había dicho. Había estado tan obsesionado
con la idea de que iba a
hacerle una jugarreta, a aprovecharse de él, que había
sido incapaz de pensar siquiera
que pudiera encontrarlo atractivo.
Se había equivocado totalmente y la había herido. Ojalá
pudiera dar marcha
atrás, se decía. ______ era tan distinta de las demás
mujeres a las que había conocido...
Incluso parecía ignorar lo hermosa que era. ¿Sería verdad
que se sentía
atraída por él?
En el piso de arriba, ________ estaba tirada en la cama,
llorando. Había sido un día
horrible, y odiaba a Tom por cómo la había tratado. Sin
embargo, de pronto recordó
lo que él le había contado: no había hecho el amor con su
esposa, y por lo que había dicho,
era muy probable que tampoco hubiera salido con muchas
chicas antes de casarse.
_______ frunció el entrecejo, recordando lo tenso que se
ponía cada vez que ella se le
acercaba. ¿Sería posible que no tuviera ninguna
experiencia?
La mañana siguiente, _______ estaba ayudando a Harry en
la cocina cuando Tom
bajó las escaleras. Había tenido un sueño de lo más
erótico y salvaje, del que se había
despertado sudando y maldiciendo, un sueño en el que
aparecía ella, con el cabello
suelto cayéndole por la espalda desnuda mientras hacían
el amor. Había sido tan vivido
que, cuando entró en la cocina y la miró, pudo imaginar
con claridad los sonrosados
senos debajo del suéter blanco de punto que llevaba. Tom
casi gimió cuando sus ojos
observaron embelesados, por un instante, el subir y bajar
del pecho de la joven.
_______ lo miró, sonrojándose, antes de apartar la vista
y volver a concentrarse
en las galletas que estaba colocando sobre una bandeja de
horno.
—¿Quién lo habría dicho? —murmuró Tom con un ligero
sarcasmo—. También
haces galletas...
—Me ha enseñado Harry —lo corrigió ______, lanzándole una
mirada furtiva
antes de introducir la bandeja en el horno.
Tom frunció el ceño, preguntándose el porqué de esa
repentina timidez, hasta
que se dio cuenta de a qué se debía: normalmente solía
llevar la camisa abrochada
hasta el cuello, pero, aquella mañana, sudando como había
sudado durante la noche, se
la había dejado abierta hasta el pecho. Frunció los
labios y se quedó mirando a la joven
pensativo. ¿Sería posible que la turbara tanto como ella
lo turbaba a él? Estaba
decidido a averiguarlo antes de que se fuera del rancho,
aunque solo fuera para salvar
su dañado ego.
Harry subió a arreglar las habitaciones, dejándolos
solos.
—¿Cómo estaba el ternero pequeño ayer? —inquirió Tom.
—No demasiado bien —contestó ella con un suspiro—. Tal
vez esta mañana esté
mejor.
—Iré a echarle un vistazo después de desayunar — dijo Tom,
acercándose a la
ventana y admirando el paisaje nevado—. Por cierto, no
vayas a intentar regresar a la
cabaña otra vez, ¿quieres? Como te dije, podrías quedar
atrapada en una de las
trampas de Mc-Naber.
Parecía preocupado, pensó ______ estudiando su rostro en
silencio. Aquello era
un cambio agradable para variar... a menos que lo hubiera
dicho solo porque le
preocupaba que se hiriera y tuviera que tenerla allí unos
cuantos días más.
—¿Crees que parará alguna vez de nevar? —suspiró
exasperada.
—He visto nevadas peores.
—¡Qué consuelo! —exclamó ella sarcástica. Tom se puso la
chaqueta y el
sombrero vaquero. —Estamos de mal humor esta mañana, ¿eh?
La joven lo miró incómoda y se apoyó en la encimera.
—No estoy de mal humor. Las «pequeñas zorras baratas»
nunca se ponen de mal
humor.
Tom enarcó una ceja.
—Sé que no debería haberte llamado eso —dijo recorriendo
su cuerpo con la
mirada—, pero tú tampoco debiste besarme de ese modo. No
estoy acostumbrado a las
mujeres agresivas.
¿Mujeres agresivas? _______ dejó escapar una risotada
irónica.
—Tranquilo, señor puritano, no volveré a atacarlo.
Tom se rio suavemente, con cierto sarcasmo.
—Vaya, qué desilusión...
_______ no podía creer que se estuviera comportando de un
modo tan arrogante
después de cómo la había tratado.
—Fuiste muy grosero y brusco conmigo —le espetó.
—Supongo que sí —murmuró él. La intensidad de su mirada
hizo que _______
sintiera un cosquilleo por toda la espina dorsal—, pero
es que creí que estabas jugando
conmigo. Ya sabes, que pensaste: «voy a divertirme un
poco a costa de este paleto».
—Yo jamás jugaría con los sentimientos de un hombre —le
aseguró _______ en un
tono tirante—, y jamás diría de ti que eres un paleto.
Creo que eres un hombre muy
masculino, trabajador, y con sentido de la
responsabilidad. Jamás me burlaría de ti.
Tom esbozó una leve sonrisa.
—Bueno, en ese caso, tal vez podríamos pactar una tregua.
—¿Crees que serías capaz de tratarme con amabilidad
siquiera veinticuatro
horas? —inquirió ella amargamente.
—No soy un mal hombre, es solo que no sé apenas nada de
las mujeres —contestó
Tom—. ¿No se te había ocurrido? —preguntó al advertir su
asombro.
—No —respondió ella mirándolo a los ojos.
—Un día de estos tendremos una larga charla acerca de eso
—dijo Tom
calándose el sombrero hasta los ojos—. Voy a ver a los
terneros.
_______ lo observó salir por la puerta, con el corazón
latiéndole a toda velocidad.
Cada día que pasaba se sentía más nerviosa y
tímida en su presencia.
HOLA!! 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... HASTA LUEGO ... :))
Ay Tom eres un tontooo!!
ResponderEliminarMe gusta demasiado la fic.. Siguelaa :)
Wooo *.*
ResponderEliminarSune pronto
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ResponderEliminarMe encantooo virgiiii ojala puedas subir hoy :) cada vez se pone mas buena.. huyy Tom no debió haberla tratado así :( quiero mas acción entre ellos, espero el próximo cap
ResponderEliminarSubeee virgii
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