Capítulo 5
_______ terminó de fregar los trastos del desayuno antes
de ir al establo y
cuando llegó se encontró allí con Tom arrodillado junto
al ternero más pequeño. La
joven supo inmediatamente que algo no iba bien. El
animalillo estaba tumbado sobre el
costado, se le marcaban las costillas a través del pelaje
castaño, tenía los ojos
vidriosos y le costaba respirar.
_______ se arrodilló al lado de Tom y este la miró
preocupado.
—Será mejor que vuelvas a la casa —le dijo.
La joven bajó la vista al animal. Había tenido varias
mascotas y las habías visto
morir, así que conocía los signos. El pequeño ternero se
estaba muriendo. Tom
también lo sabía, y por eso quería protegerla, evitarle
el dolor. Se sintió conmovida.
—Eres un buen hombre, Tom Kaulitz.
Él esbozó una débil sonrisa.
—¿Quieres decir cuando no me revuelvo como un gato
furioso? —dijo—. Siento lo
que ocurrió ayer, _______. No sabes lo mal que me sentí
cuando vi que te apartabas
de mí, como si me tuvieras miedo.
—Yo también lo siento —musitó ella—. No debía haberme
comportado de un modo
tan... —se quedó callada y apartó la mirada de él—. La
verdad es que yo tampoco sé
mucho de los hombres, Tom —dijo finalmente — . Desde que
me fui de casa he
estado rehuyendo a comprometerme en una relación.
Flirteo, pero nunca he ido más
allá de unos pocos besos — alzó el rostro y miró a Tom—.
El señor Durning es el novio
de mi tía. Es artista, un poco frivola quizá, pero es una
buena mujer —explicó—. Yo, en
cambio... no tengo casi experiencia con los hombres.
Tom asintió en silencio.
—Esa es la impresión que me dio ayer, cuando traté de
acercarme en medio de la
nieve —miró al animal agonizante—. Vuelve a la casa, yo
me ocuparé de esto.
—No me asusta la muerte —replicó _______—. Vi a mi madre
morir, y no me dio
ningún miedo. Fue como sí se quedara dormida. Cerró los
ojos... y eso fue todo.
Tom la miró.
—Mi padre murió igual —dijo volviendo la vista al
ternerillo—. Ya no falta mucho.
La joven se sentó a su lado en el heno y entrelazó sus
dedos con los de él,
mientras acariciaba despacio al animal.
—Se acabó —murmuró Tom al cabo de un rato—. Al menos
ahora descansará.
Vuelve a la casa, _______. Voy a enterrarlo.
______ no quería llorar delante de Tom, pero no pudo
evitarlo. Un animal tan
pequeño e indefenso... El ranchero la atrajo hacia sí y
la abrazó mientras las lágrimas
rodaban una tras otra por sus mejillas. Cuando se hubo
calmado un poco, se apartó de él,
y Tom le secó las mejillas con los pulgares.
—Anda, ve a la casa —murmuró con una sonrisa. La sensibilidad
y el valor eran
una buena combinación en una mujer, se dijo.
_______ estaba pensando exactamente lo mismo de él. Logró
esbozar una sonrisa
entre las lágrimas y, mirando con tristeza al ternero por
última vez, se levantó y salió
del establo.
Cuando entró en la cocina encontró allí a Harry, y le
contó lo sucedido,
derramando algunas lagrimillas más mientras este le
servía una taza de café bien
cargado.
—¿No podría ayudar en algo aquí? —le preguntó al anciano.
—Ya hace bastante, señorita —repuso él sonriendo—. Es
agradable tenerla en el
rancho.
—Bueno, no estoy muy segura de que Tom opine lo mismo
—murmuró ella.
—Pues claro que sí —replicó Harry con firmeza—. El jefe
la habría podido llevar
con la señora Pearson si hubiera querido. Vive solo a
unos kilómetros montaña abajo
—sonrió ante la expresión de sorpresa de la joven— . Ha
estado observándola
últimamente. Para él es nuevo tener a una mujer por aquí,
y siempre le ha resultado
difícil hacerse a los cambios.
—Como a todos, supongo —respondió ella vagamente—.
¿Cuándo dejará de nevar?
—se preguntó con un suspiro, mirando por la ventana.
Harry se encogió de hombros.
—Días... semanas... estamos en plena montaña, señorita.
No se puede predecir
cuándo llegará el chinook —ante la mirada perpleja de la
joven, explicó—: un viento
cálido del noroeste. Así lo llamaban los indios.
Cuando Tom regresó a la casa, _______ estaba más calmada,
pero aún triste por
la muerte del ternero.
Tom le dirigió una breve mirada antes de lavarse las
manos en el fregadero.
Harry, sabio como era, supo que estaba de más y salió de
la cocina para dejarlos a
solas, y Tom fue junto a la joven.
—¿Estás bien?
_______ asintió con la cabeza, quizá con demasiada
vehemencia, lo que indicó a
Tom que aún estaba sobrecogida por lo que había ocurrido.
—Es que... era tan pequeño... —murmuró con la voz
quebrada por la emoción—.
Supongo que pensarás que soy una blandengue —dijo bajando
la vista.
—No, no lo pienso.
Y, sin pararse a pensar en las consecuencias, la tomó por
los hombros y la atrajo
hacia sí, mirándola a los ojos. _______ sintió que las
rodillas le temblaban ante
aquella inesperada proximidad. Era algo nuevo, y también
tremendamente excitante,
sobre todo porque había sido él quien se había acercado a
ella por primera vez. No sabía
qué esperar, y podía notar que se le estaba desbocando el
corazón.
Bajó la vista a la garganta de Tom. La vena le latía con
rapidez, y su respiración
se había tornado entrecortada. Ciertamente a él le
costaba trabajo respirar en ese
momento, con el dulce aroma a perfume y champú
embriagándolo y quitándole el
sentido. Apretó los dientes. Estando lejos de ella ya le
costaba contener la excitación
que le producía, con que teniéndola tan cerca...
Apenas tenía conciencia de lo que estaba haciendo, pero
necesitaba desesperadamente
besarla.
—Hueles a flores —le dijo con voz ronca.
Aquel era un comentario interesante viniendo de un hombre
tan poco poético, se
dijo _______ esbozando una sonrisilla.
—Es el champú que uso —murmuró.
—¿Nunca te sueltas el pelo? —inquirió mirándola
embelesado. Solo recordaba
habérselo visto así aquella noche que había estado
enfermo.
—Solo cuando me voy a dormir —contestó ella,
estremeciéndose al sentir el
aliento de Tom en su frente.
—Siento que tuvieras que ver morir al ternero —le dijo
Tom—. Perdemos alguno
cada invierno.
La joven alzó el rostro y lo miró a los ojos, pensativa.
—No debí ponerme tan sentimental. Supongo que las mujeres
reaccionamos de un
modo distinto a los hombres.
—No es eso —repuso él — . Yo también acabo encariñándome
con los animales.
Además, uno se siente protector con las crías, tan
pequeñas e indefensas... La
naturaleza les da pocas oportunidades.
La mirada en los ojos de _______ se dulcificó mientras lo
observaba. Parecía un
hombre totalmente distinto cuando hablaba así: vulnerable,
casi tierno, y tan
solitario...
—_______, yo... ¿no te daré miedo, verdad? —le preguntó
de pronto, como si el
solo pensamiento lo atormentara.
La joven frunció el entrecejo.
—No, por supuesto que no —le aseguró—. Me sentía
avergonzada por haberte
besado, y un poco nerviosa por cómo reaccionaste, eso es
todo. Sé que nunca me harías
daño —murmuró. Dejó escapar un suspiro—. Sé que no te
sientes cómodo conmigo aquí,
y yo me siento mal por estar molestando, pero pronto se
derretirá la nieve y me
marcharé.
Tom no respondió, pero al cabo de un rato comentó:
—Yo creía, por la seguridad que demostrabas, que eras una
de esas mujeres que
han estado con varios hombres. Me temo que te juzgué
basándome solo en el exterior.
_______ sonrió.
—Era todo fingido. Ni siquiera sé por qué lo hacía.
Supongo que me irritaba tanto
esa imagen que te habías formado de mí, que me comportaba
así para fastidiarte.
Sin darse cuenta de lo que hacía, Tom apretó un poco las
manos en torno a sus
brazos.
—¿Nunca has estado con un hombre? —inquirió suavemente.
La joven advirtió curiosa que se había sonrojado un poco
al hacer la pregunta, y
sintió que a ella misma se le estaban subiendo los
colores.
—No, nunca —balbució.
—Resulta difícil de creer, con el aspecto que tienes.
—¿Qué quieres decir con eso? —inquirió _______ poniéndose
en guardia.
—No me puedo creer que no sepas lo bonita que eres
—contestó Tom mirándola
a los ojos—. Una mujer tan preciosa como tú podría
escoger al hombre que quisiera.
—Tal vez —concedió ella—, pero nunca he querido a un
hombre en mi vida. Desde
que me escapé de casa he tenido que abrirme camino por mí
misma, y no estoy segura
de querer perder mi independencia. Soy músico —le dijo,
sin querer entrar en más
detalles—, me gano la vida tocando el teclado.
—Lo sé, Elliot me lo contó —contestó Tom — . Te he oído
tocar, y eres buena.
Tom no podía dejar de mirarla, y cada vez que sus ojos se
posaban en los labios
de la joven, recordaba el breve momento durante el cuál
lo había besado con tanta
inocencia. ¿Le dejaría ella que la besara? Sabía tan poco
de los sutiles mensajes que
emitían las mujeres cuando querían que un hombre diera el
primer paso con ellas. No
podía comprender las emociones que se translucían en los
ojos oscuros de ______,
pero tenía los labios entreabiertos y su respiración se
había vuelto rápida y
entrecortada, y sus mejillas estaban teñidas de rubor.
La joven alzó el rostro hacia él, y se encontró con que
no podía apartar la vista.
Tom no era guapo, pero sus facciones eran tan
masculinas... y sus labios la atraían
como un imán. Recordó el efecto que su beso había tenido
en él, y se preguntó cómo
reaccionaría si lo besase de verdad, con la pasión que
despertaba en ella.
—¿En qué piensas? —inquirió Tom con voz suave.
—Yo... me estaba preguntando cómo... —comenzó
balbuceante—, cómo sería besarte...
El corazón de Tom pareció saltarse un latido, para seguir
después con un ritmo
frenético.
—Ya lo has hecho antes —contestó tras un pequeño
carraspeó—, ya me has
besado.
—No, me preguntaba cómo sería... besarte «de verdad».
Tom no podía entender qué quería decir con aquello. Su
esposa solo lo había
besado en contadas ocasiones, durante su breve noviazgo,
y siempre acababa
apartándolo, murmurando que iba a estropearle el
maquillaje. No habían sido besos
verdaderos, no había habido amor ni pasión en ellos. ¿Se
refería a eso _______?
Tomó el suave rostro ovalado de la joven entre sus
trabajadas manos, e inclinó la
cabeza hacia ella.
—Enséñame a qué te refieres con... «de verdad» —susurró.
Los labios de Tom descendieron sobre los de _______.
Sabían a viento y a sol,
pensó la joven, que estaba en éxtasis. Colocó las palmas
de las manos sobre el pecho masculino y, poniéndose de puntillas, apretó sus labios
más contra los de él. De un
modo automático, instintivo, abrieron la boca al mismo
tiempo. _______ sintió cómo
Tom se ponía tenso un instante, para gemir de puro placer
al instante siguiente.
Al cabo de un rato, la joven se apartó con los ojos muy
abiertos, escrutando
curiosos la intensa mirada en los iris castaños del ranchero.
—¿Así? —murmuró Tom, inclinándose de nuevo hacia ella
para imitarla—. Nunca
lo había hecho... con la boca abierta —susurró contra los
labios de _______.
La joven no podía dar crédito al increíble cosquilleo que
la recorría de los pies a
la cabeza, como en ondas. Finalmente se dejó arrastrar
por el ardor de Tom,
rindiéndose a sus labios algo bruscos y exigentes,
mientras la mano de él se deslizaba
hasta su nuca, enredándose en sus cabellos.
_______ emitió un suave gemido. Quería estar aún más
cerca de él. Se apretó
contra él, quedando sus senos levemente aplastados contra
el ancho y varonil tórax.
Podía sentir incluso los fuertes latidos de su corazón.
Lo quería aún más cerca, quería
fundirse con él. Sus uñas rasparon en círculos la camisa,
y él se tensó ligeramente.
—Oh, Tom, es maravilloso... —murmuró, frotando su frente
contra la de él, e
inhalando su olor masculino—. ¿Puedo quitarte la camisa?
—susurró.
Lo cierto era que él deseaba hacer eso precisamente,
porque sus caricias lo
estaban volviendo loco, pero entonces recordó que Harry
podía entrar en cualquier
momento, y resultaría bastante embarazoso si lo
encontrase de esa guisa. Por otra
parte, a él mismo lo turbaba la idea, por mucho que lo
desease, ya que estaba sintiendo
que su cuerpo se estaba tensando. Aquel deseo lo hacía
sentirse vulnerable, y no
quería sentirse vulnerable. Volvió a tomarla por los
brazos y la apartó suavemente,
maldiciendo entre dientes.
_______ enrojeció y dio un paso atrás, con el pecho
subiendo y bajando por la
respiración agitada.
—No tienes por qué sentirte amenazada —dijo Tom
malinterpretando esa
retirada. ¿Había vuelto a asustarla?—. SÍ te disgusta, no
volveré a hacerlo.
—Oh, no es eso —se apresuró a aclarar ella—. No me has
asustado. Es solo que...
—murmuró bajando la vista al suelo—, creí que estarías
pensando que soy una mujer
fácil.
—Yo no...
Pero ella lo calló poniéndole el índice en los labios
para que la dejara explicarse.
—No, Tom, quiero que lo sepas: no suelo dar el primer
paso con los hombres. Y
nunca... nunca antes le había pedido a ninguno que me
dejara quitarle la camisa —alzó
el rostro para mirarlo—. No soy una mujer fácil. Es solo
que... me he dejado llevar por
la emoción del momento...
—... como ayer —concluyó Tom—. Lo siento, _______, sé que
te acusé de
haberte tirado sobre mí.
—Pues sí, parece que pienses que soy una especie de
maníaca sexual.
—¿Y no lo eres? —inquirió Tom con una sonrisa maliciosa.
—¡Tom!, ¡eso no tiene gracia! —exclamó la joven dando un
taconazo en el
suelo—. No estoy muy segura de querer quedarme aquí.
—Yo tampoco estoy seguro de que sea una buena idea dejar
que te quedes
—murmuró él admirando la irritación en sus ojos. Era tan
preciosa... — . Quiero decir...
si trataras de seducirme, las cosas podrían
complicarse...
La joven se sonrojó airada.
—Haces que suene como si tuviera planeado seducirte —le
espetó.
Tom sonrió divertido.
—Bueno —dijo sacando un cigarrillo del bolsillo de la
camisa—, si lo estuvieras
planeando, será mejor que me avises antes... así estaré
preparado para combatir tus
encantos.
_______ lo miró maravillada. De pronto era un hombre
distinto, lleno de
arrogancia masculina y sentido del humor. Aquel beso
apasionado lo había cambiado. La
distancia entre ellos se había acortado.
—Dime una cosa... ¿Cómo has llegado a tu edad sin tener
ninguna relación?
—inquirió Tom de pronto.
La timidez de la joven y sus continuos sonrojos lo habían
convencido al fin de que
le estaba diciendo la verdad, que no era una cualquiera.
_______ se rodeó la cintura con los brazos y se encogió
de hombros, pero Tom
había encendido el cigarrillo y la estaba mirando, como
esperando una respuesta.
—No podía renunciar a mi independencia —contestó la joven
finalmente — .
Durante mi infancia y adolescencia viví dominada por mi
padre, maltratada, así que me
parecía que rendirme a un hombre, entregarle mi corazón,
sería lo mismo que
renunciar a mi individualidad. Además, la idea de
entregarme a un hombre en la cama
siempre me ha dado un poco de miedo —dijo apartando la
vista—, porque si hay un
lugar en el que el hombre es el amo, el que manda, es en
el dormitorio, a pesar de la
libertad de la que se dice gozamos hoy día las mujeres.
—Entonces, ¿crees que deberían ser las mujeres las que
mandaran en el
dormitorio?
—Lo que creo es que no es justo que algunos hombres usen
a las mujeres
simplemente por su condición de mujeres.
Tom esbozó una sonrisa extraña.
—Tampoco es justo que algunas mujeres utilicen a los
hombres.
—Yo no te estaba utilizando —protestó _______ al
instante.
—¿Acaso te he mencionado yo?
La joven tragó saliva, sintiéndose tímida de pronto por
la intensidad de su
mirada.
—No, supongo que no —balbució.
Se cruzó de brazos, dando un respingo al darse cuenta de
que sus pezones se
habían puesto duros y erguidos de repente.
—Vaya... entonces es cierto que se ponen erectos cuando
sentís deseo... —dijo
Tom sonriendo como un niño—. Lo leí en un libro... —le
explicó enrojeciendo—. La
mayoría de las cosas que dice no tenían mucho sentido
para mí hasta ahora, pero
estoy empezando a entender...
—¡Eh!, ¡no soy un modelo vivo para educación sexual!
—Pues es una verdadera lástima. A mí no me vendrían nada
mal unas clases...
—Pero, ¿qué dices, Tom?, tú has estado casado —replicó
ella sin comprender.
—Sí, lo estuve —admitió él encogiéndose de hombros.
Frunció los labios y sus
ojos recorrieron el cuerpo de la joven—, solo que ella
jamás sintió el menor deseo por
mí: ni antes ni después de casarnos.
______ entreabrió los labios, sin saber qué decir.
—Oh, Tom... —musitó—. Lo siento.
—Al principio me preguntaba por qué se apartaba de mí
cada vez que empezaba a
besarla. Creía que por sus principios morales no quería
hacer nada antes de pasar por
el altar, pero luego descubrí que lo que ocurría era que
no tenía una pizca de moralidad
y me había engañado para cazarme y no ser madre soltera —se
quedó callado un
momento, reflexionando sobre lo sencillo que le resultaba
contarle a _______ esas cosas,
cosas que no compartiría con nadie más — . Después,
cuando comprendí qué clase
de persona era, el deseo de compartir el lecho con
ella... simplemente se esfumó —se
llevó el cigarrillo a los labios y dio una breve calada—.
Elliot es mi vida entera. He
cuidado de él desde que nació, y he procurado que sea
feliz. Sabe que no hay lazos de
sangre entre nosotros, pero me quiere como a un padre, y
yo a él como a un hijo.
—Te quiere muchísimo —asintió ella con una sonrisa—.
Habla de ti todo el tiempo.
—Es un chico estupendo —dijo Tom. Dio un paso hacia ella,
observando curioso
cómo la joven se tensaba. Le encantaba esa reacción,
porque significaba que era muy
consciente de él aunque se mostrara tímida y reticente —
. Y ya que estamos
haciéndonos confesiones —murmuró—, te diré que, al igual
que tú, yo tampoco he
tenido relaciones.
—¿Quieres decir que no las has tenido en los últimos
meses? —inquirió ella.
Tom meneó la cabeza, y se encogió de hombros incómodo.
—En realidad hace un poco más de tiempo. Aquí en las
montañas no se presentan
muchas oportunidades—le dijo—, y no voy a dejar aquí a
Elliot para irme al pueblo a
ligar. La verdad es que hace trece años.
—¡¿Trece?! —repitió _______ anonadada. Al instante
enrojeció avergonzada—. Lo
siento. No es que piense que...
Tom la miró, esbozando una sonrisa divertida por el
asombro de la joven.
—De adolescente no sabía nada de las chicas. Era alto,
patoso y tímido... así que
eran los otros chicos los que se llevaban el gato al agua
—dio otra calada al cigarrillo—.
En realidad sigo teniendo el mismo problema con las
mujeres. No sé cómo abordarlas
—le confesó con una débil sonrisa.
_______ sintió como si el sol estuviera saliendo en ese
momento, y sonrió
también.
—¿En serio? —inquirió con suavidad—. Yo creí que me
rechazabas porque me
encontrabas poco atractiva, porque no era suficiente
mujer para ti.
Tom sintió deseos de reír ante aquella disparatada idea.
—La verdad es que tú tampoco me dabas pie a tratar de
hacer las paces
—repuso—, contestando a cada una de mis puyas.
—Eso era porque herías mis sentimientos al pensar que era
una cualquiera, una
mujer sin principios. No sabes cuánto me indignaba, sobre
todo porque nunca en mi
vida me he echado encima de ningún hombre.
—Lo siento, me comporté como un idiota prejuicioso
—murmuró Tom. Se quedó
callado un momento, pero al cabo de un rato esbozó una
sonrisa—. Por cierto, creo
que tenemos algo más en común que nuestra inexperiencia y
nuestra falta de técnica.
—¿El qué? —inquirió ella curiosa.
Tom apagó el cigarrillo en el cenicero que había en la
mesa junto a ellos. Se
irguió y la miró a los ojos unos segundos antes de
decidirse a hablar:
—Bueno, creo que es bastante obvio... No eres la única
persona virgen aquí.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL CAPITULO ... TOM ES VIRGEN JAJAJAJA ... OK ES UNA NOVELA .. TODOS SABEMOS QUE NO LO ES PERO DE RISA ... BUENO YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA :)) ADIOS
*.*
ResponderEliminarque gran paso dio tom
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarSigueeee
ResponderEliminar:O Tom virgen?? eso si que no me lo esperaba eh jajaja me encanto virgiii quiero ver mas acción entre ellos, espero el próximo cap..
ResponderEliminarSubeee virgiii
ResponderEliminarSubeee virgi me muero x seguir leyendo..
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