Capítulo 9
El helicóptero depositó a Tom en el pico de la montaña
donde habían avistado
por última vez el avión, y después se alejó, dejándolo en
la más absoluta soledad, en
medio de la nieve. El ranchero comprobó las ataduras de
los esquís, ajustó firmemente
las tiras de la mochila y miró hacia abajo, estudiando la
empinada pendiente. Peligrosa
como era, las autoridades locales se aseguraban de que no
la frecuentaran los turistas
que se alojaban en la estación de esquí, y no contaba
siquiera con el habitual tobogán
de salvamento, un trineo especial con camilla.
Tom inspiró profundamente, preparándose para el descenso.
_______ debía
estar allí abajo, y tenía que encontrarla. Se ajustó las
gafas, e hincó los bastones en la
nieve para impulsarse montaña abajo. Empezó a deslizarse
por la pendiente ganando
cada vez más velocidad.
El viento le golpeaba el rostro sin piedad, y los copos
de nieve iban a estamparse
en su traje oscuro. Entornó los ojos, concentrándose al
máximo en los obstáculos que
iban surgiendo a su paso, y dando gracias a Dios por
poder hacer algo en vez de tener
que quedarse sentado en casa, pasando un infierno en
espera de noticias. No podía
soportar la idea de que _______ hubiera muerto. Tenía que
intentar pensar
positivamente.
Había gente que sobrevivía a los accidentes aéreos,
personas que, milagrosamente, salían
de los restos del avión siniestrado por su propio pie. Tenía
que creer que _______ sería una
de ellas, porque, de no hacerlo, el dolor le haría perder
el juicio.
Vio un nutrido grupo de abetos al pie del pico, y rogó a
Dios con todas sus
fuerzas para que el avión estuviera allí, pero cuando
llegó al lugar, lo recorrió sin
éxito. Se detuvo y miró en derredor. Tal vez aquel
observador se había equivocado, tal
vez se trataba de otro pico, quizá a kilómetros de allí,
se dijo agitado. Se mordió el
labio inferior, corriendo el protector labial que se
había aplicado antes de salir. Si
alguno de los pasajeros seguía con vida, unos minutos más
o menos podían significarlo
todo. Tenía que encontrar pronto el avión.
Siguió deslizándose montaña abajo, con el corazón
latiéndole apresurado por la
preocupación. De pronto algo captó su atención y se
detuvo. ¿Voces? Giró la cabeza y
se quedó escuchando, pero solo podía oír el ruido del
viento, y el crujir de las copas de
los árboles. Volvió a girar la cabeza con más atención.
¡Sí! Estaba seguro de que había
vuelto a oírlas. Casi quedaban ahogadas bajo el aullar
del viento, pero sin duda eran
voces. Tom levantó los brazos e hizo bocina con las
manos, los bastones colgando de
sus muñecas:
—¿Hola? ¿Dónde están? ¿Pueden oírme? —gritó, rogando al
cielo para que la
vibración de su voz no provocara una avalancha.
—¡Aquí!, ¡estamos aquí!, ¡ayúdenos! —respondieron las
voces.
Tom las siguió, confiando en que no estuviera siendo
despistado por el eco y,
finalmente, allá abajo, entre los árboles, un rayo de sol
entre las nubes arrancó un
destello a lo que parecía una superficie metálica... ¡el
avión! ¡Gracias a Dios, había
supervivientes! Si tan solo _______ fuera una de ellos,
le pidió a Dios con el alma en
vilo.
Al aproximarse, vio a algunas personas junto al aparato
casi intacto. Una de ellas,
un hombre, se había hecho un tosco vendaje en la cabeza,
y otro se sostenía el brazo
dolorido, probablemente roto. También había una mujer,
pero no era rubia. En el suelo
pudo distinguir dos bultos cubiertos con abrigos. «Por
favor, Dios mío, que no sea
ella...».
—Soy Kaulitz, me envía la Patrulla de Esquí —se presentó
al hombre del vendaje.
Entonces se fijo en que llevaba un uniforme—. ¿Cuántos
muertos?
—Dos —respondió el hombre—. Yo soy Jeff Coleman, el
piloto. No sabe cómo me
alegro de verlo —dijo estrechándole la mano. Estaba
tiritando de frío—. Se produjo
fuego en la cabina y se propagó tan rápido que no tuve
tiempo de hacer nada, perdí el
control sobre el aparato. Dios, no tiene idea de lo mal
que me siento —masculló—. Tres
de los pasajeros no tenían puesto el cinturón cuando
chocamos —dijo meneando la
cabeza—. Dos de ellos han muerto —señaló con un gesto los
cadáveres cubiertos—, y
la tercera persona sufrió una fuerte contusión en la
cabeza y ha quedado en un estado
comatoso.
Tom se estremeció por dentro, armándose de valor para
hacer la pregunta que
iba a hacer:
— Había una cantante entre el pasaje —dijo—, ________
Callaway...
—Sí —confirmó el piloto, pero a continuación meneó la
cabeza. El estómago de
Tom dio un vuelco—, es la persona que sufrió la contusión.
La mano del ranchero temblaba cuando se quitó las gafas,
poniéndolas sobre el
gorro.
—¿Dónde está? —inquirió con voz queda.
El piloto lo condujo, rodeando los dos cuerpos sin vida,
al otro lado del aparato,
donde los demás pasajeros se habían resguardado del
viento, sentados sobre los
restos del avión e intentando mantenerse calientes con
las mantas grises de este.
Habían construido una pequeña camilla con ramas y
almohadas, y allí habían
colocado a _______, tapándola con mantas y abrigos.
—________... —murmuró Tom con la voz quebrada,
arrodillándose junto a ella.
Su rostro estaba muy pálido, y tenía un cardenal en la
sien derecha. Tom se
quitó el guante y palpó la arteria en el cuello, aliviado
de encontrarle el pulso, aunque
muy débil.
Se quitó la mochila de la espalda, y el piloto y dos de
los pasajeros se acercaron
a él.
—Tengo un teléfono móvil —dijo Tom más para sí que para
ellos—, que espero
que funcione... —masculló mientras apretaba las teclas y
esperaba. Cerró los ojos,
conteniendo el aliento y diciendo una oración en
silencio. Al fin, después de lo que le
pareció una eternidad, la voz de Terry Meade respondió al
otro lado de la línea—.
¡Terry!, ¡gracias a Dios! —murmuró Tom abriendo los
ojos—. Soy Kaulitz. ¡Los he
encontrado!
—Gracias a Dios —respondió el jefe de la Patrulla de
esquí—. Buen trabajo,
Tom, dame tu posición.
Él lo hizo, desplegando el mapa delante de sí para
verificarlo, y a continuación lo
informó sobre el número de víctimas mortales y heridos.
—Bien, tendremos que sacaros de ahí por aire, pero no
habrá forma de hacerlo
hasta que la ventisca amaine.
—Lo entiendo —respondió Tom—, pero ________... la mujer
que está
inconsciente... tenemos que llevarla cuanto antes a un
hospital. Es su única oportunidad.
Terry resopló contrariado.
—Escucha, ¿y si te mando a Larry Hale? —inquirió de
pronto excitado—, ¿Te
acuerdas de Larry, verdad? Campeón nacional de descenso
hace unos años. Se retiró
de la Patrulla el año pasado, pero estoy seguro de que
irá si se lo pido —le aseguró—.
Podríamos llevaros el tobogán de salvamento con el
helicóptero, y víveres para los
supervivientes del avión. Entre Larry y tú podríais
arrastrar la camilla hasta un lugar
accesible para el helicóptero. ¿Qué me dices, Tom?
—Es mejor arriesgarse que dejarla aquí. No creo que
siguiera viva al amanecer.
Creo recordar que el trecho entre Caraway Ridge y Jackson
Hole es bastante llano.
Tal vez el helicóptero podría descender en Jackson Hole
sin tener que pasar por los
picos, ¿qué opinas?
—Me parece una buena idea —asintió Terry—. Bien, me
pondré en contacto con
Harry.
Tom colgó y les explicó el plan al piloto. A continuación
empezó a descargar el
contenido de la mochila, entregándoselo:
—Bengalas, cerillas, paquetes de comida deshidratada con
alto contenido
proteínico, un kit de primeros auxilios... —enumeró—,
¿Cree que podrán apañárselas
hasta el amanecer, cuando vengan a recogerlos?
El hombre asintió.
—Con todo esto no habrá problema. Además, la compañía nos
entrena para casos
de emergencia como este. No se preocupe por nosotros.
Saque a la joven de aquí —dijo
mirándola—. Espero que sobreviva.
—Lo hará —dijo Tom con más convicción de la que sentía,
tal vez porque
necesitaba animarse—, es una luchadora. Sé que no se dará
por vencida —se volvió a
mirar al piloto—. ¿Le importaría comprobar cómo se
encuentran los demás y si
necesitan algo? Me gustaría sentarme un rato con ella.
El piloto asintió con la cabeza y lo dejó a solas con
________. Tom se sentó junto
a la joven y la tomó de la mano.
—Escucha, cariño —le dijo con suavidad—: tenemos un largo
camino por delante
antes de poder sacarte de aquí y llevarte al hospital.
Vas a tener que aguantar un poco
más —le dijo apretándole la mano—. Yo estaré contigo todo
el tiempo, no pienso
apartarme de ti, pero necesito que me ayudes. Tienes que
luchar, _______. Yo... no sé
si podrás oírme, pero hay algo que quería decirte... No
te aparté de mí porque te
odiara, sino porque te amo más que a nada en este mundo.
Te amaba tanto que pensé
que lo mejor era dejar que regresaras a tu antigua vida,
a la vida que creía que
necesitabas. Tienes que vivir ________. No lo soportaría
si me dejaras y no pudiera
decirte que... que... —pero no pudo seguir, porque tenía
la garganta atenazada por las
lágrimas que amenazaban con rodar por sus mejillas.
Tom tragó saliva y soltó su mano, depositándola de nuevo
con exquisito cuidado
bajo las mantas. Al cabo de unos minutos, el ruido de un
helicóptero le indicó que las
provisiones estaban en camino. Se puso de pie y fue junto
al piloto, la azafata y los
pasajeros, que se habían levantado también al oír el
aparato acercándose.
El helicóptero se quedó suspendido en el aire, a unos
metros de ellos, y un par de
minutos después arrojaron dos paracaídas cargados con las
provisiones y el tobogán de
salvamento. Tom contuvo el aliento, rogando por que no se
enredaran en las copas de
los abetos, y que el trineo cayera de un modo suave para
que no quedara inservible.
Por fortuna la suerte estaba de su parte, y el tobogán
llegó al suelo de una pieza,
junto con las provisiones. Además, habían equipado el
tobogán con mantas, una
almohada, y correas para mantener a _______ bien sujeta
durante el traslado.
El helicóptero volvió a ascender hasta uno de los picos
más bajos, y minutos
después descendía por la ladera Larry Hale y el
helicóptero se alejaba a una distancia
segura.
—¿Cómo estás amigo? —saludó a Tom, tendiéndole la mano
cuando llegó a su
lado.
—Bien. Nunca creí que me alegraría tanto de volver a
verte —contestó
estrechándola aliviado—. Será mejor que nos pongamos en
marcha cuanto antes.
Larry asintió con la cabeza. Levantaron a ________ con la
mayor suavidad posible
de la camilla improvisada y la colocaron sobre el
tobogán, que contaba con asas para
poder ser remolcado. La taparon con las mantas
asegurándola con las correas, y
colocaron los ganchos de remolque. Se despidieron de los
supervivientes, quienes les
desearon suerte, y se pusieron en camino.
Como Tom le había dicho a Terry, la ruta que habían
tomado no era demasiado
accidentada, pero no podía dejar de preocuparse por
_______ cada vez que se
tropezaban con el más mínimo bache.
En un momento dado, a Tom le dio la impresión de que se
habían desviado de la
ruta, pero empezó a reconocer algunos puntos de
referencia en el paisaje. Avistaron el
río y siguiéndolo llegaron a la laguna de Caraway Ridge.
Tom y Hale estaban ya jadeantes a pesar de que se habían
turnado para tirar
del tobogán. Se pararon un momento a descansar, y Tom
comprobó el pulso de
_______. Habría jurado que era un poco más fuerte, pero
seguía pálida e inmóvil.
—¡Allí está! —exclamó Hale de repente señalando el
cielo—, ¡el helicóptero!
Tom rogó mentalmente para que pudiera aterrizar.
El aparato empezó a descender, pero al instante tuvo que
volver a subir por la
fuerte ventisca. Tom maldijo entre dientes, pero el
piloto lo intentó de nuevo
aprovechando un momento en que el viento paró, y logró
posar el helicóptero en el
suelo. Bajó del aparato.
—¡Deprisa! —les gritó—, ¡antes que el viento empiece a
soplar de nuevo!
Tom se quitó los esquís en un momento, dejándoselos junto
con los bastones a
Hale para que los llevara, y entre el piloto y él subieron
a ________ al helicóptero.
Cuando el helicóptero aterrizó en los jardines del
hospital, el lugar estaba
atestado de reporteros locales, estatales y nacionales,
que se habían enterado del
rescate. La policía logró retenerlos para permitir que
los enfermeros llevaran dentro a
_______, pero atraparon a Tom y Hale bajo los flashes de
las cámaras, blandiendo
sus micrófonos y grabadoras. Hale, viendo la ansiedad de
Tom se ofreció a relatarles
lo sucedido, y el ranchero, agradecido, pudo escabullirse
y entrar en el pabellón de
urgencias.
Tuvo que pasar una hora de desesperación, bebiendo café
tras café hasta que
salió un médico y se acercó a él.
—¿Es usted un pariente? —le preguntó.
Tom sabía que si le decía que no, tendría que esperar aún
más para saber cuál
era su estado, hasta que apareciera alguien de su
familia, y no tenía idea de cómo
contactar con aquella única tía que le había dicho que
tenía, así que optó por mentir:
—Soy su prometido. ¿Cómo está?
—No muy bien —respondió el médico, un hombre pequeño de
cabello plateado—,
pero tendremos que esperar. Está en la unidad de cuidados
intensivos. Sufrió una
conmoción cerebral muy fuerte, y el traslado en ese
trineo y después en el helicóptero
no le han hecho ningún bien —añadió—, pero entiendo que
no podían hacer otra cosa
—apuntó al ver la expresión atormentada en el rostro de
Tom—. Vayase a descansar.
No sabremos nada hasta mañana por la mañana. Estas cosas
no son predecibles.
—Si no le importa me quedaré aquí. No creo que pueda
descansar, y quiero estar
cerca de ella.
El médico asintió comprensivo y se marchó.
Tom se frotó los ojos cansado. Iba a volver a sentarse,
pero recordó que había
prometido a Elliot llamarlo en cuanto pudiese, así que se
dirigió al vestíbulo, donde
había visto un teléfono público.
Ellíot contestó al primer tono.
—¿Qué ha pasado, papá? —le preguntó inquieto—. ¿Está...?
Tom le refirió todo lo ocurrido.
—Ojalá pudiera darte mejores noticias, pero hasta mañana
por la mañana no
sabremos más —concluyó.
—¡No puede morir! —gimió el muchacho—. ¡No puede morir,
papá!
—Reza por ella, hijo —murmuró Tom — . Reza mucho.
—¿Vas a quedarte en el hospital? —inquirió el chico al
cabo de un rato.
—Sí, Elliot. _______ es... es muy importante para mí
—dijo con la voz ronca por la
emoción.
—Para mí también —musitó el chiquillo—. Va a ponerse
bien, ya verás —dijo con
firmeza—. Tráela a casa contigo en cuanto se despierte,
papá.
—No sé si querrá —murmuró Tom esbozando una sonrisa
triste.
—Claro que querrá —le aseguró Elliot—, ________ no es
vengativa. Tiene un
corazón demasiado grande.
Tom sonrió de nuevo.
—Eso espero, hijo —respondió—. Y ahora a la cama. Volveré
a llamar mañana.
—De acuerdo. ¡Oh!, papá... casi lo olvido... Llamarón los
compañeros de ________.
Me dijeron que te diera un número de teléfono.
—Espera un momento, hijo —Tom pidió un bolígrafo y papel
a la recepcionista, y
le pidió a Elliot que se lo diclara—. Bien. Los llamaré
ahora —dijo—. Cuídate mucho... y
haz caso a Harry.
—Sí, papá. Cuídate tú también. Te quiero.
—Y yo a ti. Buenas noches.
Tom colgó el teléfono, apuró el café que había dejado
apoyado en la pequeña
repisa que había bajo el teléfono, y marcó el número que
le había dado Elliot. El
prefijo era de California.
—¿Sí?
—Soy Tom Kaulitz.
—Oh, al fin, Gracias por llamar —respondió la voz grave
que había contestado el
teléfono—. Yo soy Hank Shoeman, compañero de ________.
¿Cómo está?
—Tiene una conmoción cerebral. Está en coma, en la unidad
de cuidados
intensivos. No puedo decirle más. El médico ha dicho que
habrá que esperar a mañana
por la mañana.
Hank se quedó callado un buen rato.
—Si se hubiera venido con nosotros en el autobús...
—masculló—. Nos detuvimos
en un pueblo y llamamos a Jerry, nuestro manager, para
saber si _______ había llegado
bien, y entonces nos contó lo del accidente. No vamos a
hacer la actuación claro está,
y hemos sacado un billete de vuelta a Jackson para
mañana, pero no sale hasta las
diez. Ahora mismo estamos en un motel.
—Entonces mañana, en cuanto sepa algo más, lo llamaré.
—Gracias y... Kaulitz... gracias por lo que ha hecho. No
soy quien para juzgarlo,
pero sí sé que usted significa mucho para ella.
—Ella también significa mucho para mí —murmuró Tom incómodo—,
y
precisamente por eso la alejé de mí, porque no podía
permitir que tirara por el desagüe
todo lo que ha conseguido... por un miserable ranchero de
Wyoming como yo.
—_______ no es una chica de ciudad —le confió Hank—.
nunca lo ha sido. Se
produjo un cambio tremendo en ella durante los días que
pasó con usted. Se la veía
muy feliz, y yo presentí que su corazón ya no estaba con
nosotros. Anoche lloró hasta
dormirse.
—Oh, Dios, no... —gimió Tom mortificado.
—Lo siento —se apresuró a decir Hank—. Es lo último que
debería haberle dicho.
Lo siento de veras. Lo dejaré descansar. Ya ha tenido
bastante por hoy. Mañana
hablaremos.
—Bien.
—Gracias por todo otra vez.
Tom colgó el teléfono, dejándose caer en un banco y
hundiendo el rostro entre
sus manos. No podía soportar la idea de que ________
muriera pensando que no la
amaba, no podía soportar la idea de perderla. De pronto
le pareció que el mundo sin
ella sería un lugar terriblemente vacío.
Capítulo 10
EL sol de mediodía entraba por la ventana cuando una enfermera
zarandeó
suavemente por el hombro a Tom, que se había quedado
dormido en uno de los
asientos de plástico del pasillo. Se incorporó en el
asiento, soñoliento y desorientado,
pero al instante recordó por qué estaba allí.
—¿Cómo está _______? —le preguntó. La enfermera, una
morena joven de pelo
rizado le sonrió y dijo:
—Está despierta y ha preguntado por usted.
—Oh, gracias a Dios —murmuró Tom frotándose la cara y
levantándose.
Siguió a la enfermera hasta la unidad de cuidados
intensivos con la esperanza de
que, si había pedido verlo, quizá no lo odiara después de
todo.
Cuando llegaron al cubículo en el que habían instalado a
_______, la encontró
incorporada sobre varios almohadones. Todavía tenía
puesto el goteo, pero la habían
desenchufado de las demás máquinas. Estaba aún muy
pálida, y parecía
tremendamente frágil allí echada con la camisola azul del
hospital y el cabello recogido
en una coleta.
Sin embargo, nada más ver a Tom, el cansancio y el dolor
se borraron de su
rostro, siendo reemplazados por una sonrisa, y de pronto
volvió a estar tan bonita
como siempre. Su primer pensamiento, nada más recobrar la
conciencia, había sido
para él, y cuando la enfermera le había dicho que estaba
fuera esperando, que había
pasado allí toda la noche, la joven se dijo esperanzada
que no podía serle tan
indiferente después de todo.
—¡Oh, Tom! —susurró con los ojos llenos de lágrimas por
la dicha, extendiendo
los brazos hacia él.
Sin dudarlo dos veces, Tom fue a su lado y la abrazó
ignorando a las enfermeras, a los demás pacientes, a todo lo que los rodeaba.
Con la mejilla apoyada en su suave cabello y los ojos cerrados, inspiró con
fuerza, dando gracias a Dios por aquel milagro.
—Dios mío... creí que te había perdido... —murmuró con la
voz temblorosa por la
emoción.
_______ le había rodeado el cuello con los brazos y lo
abrazaba como si no
quisiera separarse nunca de él. El día del concierto se
había preguntado si Tom no la
habría alejado de él porque había creído que sería lo
mejor para ella, y en ese
momento, viéndolo tan agitado y aliviado a la vez, supo
que así había sido.
—Me han dicho que fuiste tú quien me trajo hasta aquí —le
dijo dulcemente.
Tom alzó el rostro para mirarla a los ojos.
—Ha sido la noche más larga de toda mi vida, temiendo que
pudieras morir.
—Oh, los Callaway somos como los gatos, tenemos siete
vidas —bromeó la joven
esbozando una sonrisa—. Cielos, Tom, tienes un aspecto
terrible —le dijo entre
suaves risas.
Volver a oírla reír, verla sonreír... para Tom era como
si le hubieran concedido
una segunda oportunidad. Entrelazó sus dedos con los de
ella.
—Me sentí tan mal al escuchar la noticia del accidente...
sobre todo por las cosas
que te había dicho por teléfono. No sabía si me odiabas
por ello, pero no podía
quedarme sentado en casa esperando a que otros te
encontraran —acarició con el
pulgar el dorso de su mano—. ¿Cómo te sientes, cariño?
—El dolor físico pasará, pero aún me siento muy
conmocionada. Aquellos dos
hombres que murieron... Uno de ellos estaba teniendo un
ataque al corazón, y el otro
hombre y yo tratamos de ayudarlo. Por eso teníamos
desabrochado el cinturón. Es tan
triste... ¿Por qué ellos sí y yo no? Te hace plantearte
ciertas cosas...
Se quedaron los dos callados un momento.
—Tom. ¿crees que algunas cosas están predestinadas a
ocurrir por mucho que
intentes evitarlo? —inquirió la joven pensativa,
recordando también a la chica que
había muerto en aquel concierto.
—Supongo que sí —sonrió él con tristeza—. Pero estoy
agradecido porque aún no
fuera tu momento —murmuró mirándola a los ojos.
—Yo también —musitó _______. Extendió la mano y le
acarició la mejilla perdida
en su mirada. De pronto, una sonrisa se dibujó en sus
labios al ocurrírsele una idea
traviesa—. Bueno, ¿y dónde está?
Tom frunció el entrecejo.
—¿Dónde está qué?
—Mi anillo de compromiso, por supuesto —respondió ella
sonriendo más aún—. Ya
no puedes echarte atrás: tengo entendido que vas diciendo
por ahí que eres mi
prometido, así que ahora no tienes escapatoria. Vas a
casarte conmigo.
Tom enarcó las cejas anonadado. ¿Estaría soñando?
—¿Que voy a «qué»? —inquirió boquiabierto y con los ojos
como platos.
—Vas a casarte conmigo —repitió _______ muy segura de sí
misma—. ¿Dónde
está Hank? ¿Lo ha llamado alguien?
—Lo llamé yo ayer —respondió Tom sin salir del todo del
estado del shock en el
que estaba. Miró su reloj de muñeca y contrajo el
rostro—. Vaya, había prometido
llamarlo esta mañana, pero me temo que ya es demasiado
tarde. Ya habrán salido.
Llegarán de un momento a otro.
—Bien, porque Hank te saca dos cabezas y cuando se enfada
es como un tigre
furioso —bromeó ________ entornando los ojos—. Le diré
que me sedujiste, que podría
estar embarazada.
Tom estaba cada vez más atónito.
—¡Eso es imposible! Yo nunca...
—Pero lo harás —contestó ella riéndose—, espera a que
estemos solos. Me
echaré sobre ti y te besaré hasta que te pille
desprevenido, y entonces...
—Tú jamás harías eso —repuso Tom casi alarmado,
preguntándose si sería
capaz.
—Exacto, y por eso precisamente tenemos que casarnos,
porque yo no soy esa
clase de mujer... igual que tú tampoco eres esa clase de
hombre —dijo ella riéndose—.
A Harry le caigo bien, Elliot y yo nos hemos hecho
grandes amigos, y creo que incluso
podría tolerar al viejo McNaber si quitara las trampas...
—se llevó un dedo a los labios,
pensativa—. Por supuesto está la gira, que es ineludible,
pero en cuanto haya acabado
me retiraré de la escena y solo grabaremos en el estudio,
y tal vez un video de vez en
cuando. Te aseguró que estarán encantados con la idea. Aunque
no se lo parecieran por
su aspecto, son todos bastante tímidos, y estamos tan
cansados como yo de ir rodando
por ahí como guijarros. Podría componer las canciones en
casa, y ayudaría a Harry con
la cocina, y a Elliot con los estudios, y a ti con los
terneros, y tendríamos varios niños
—concluyó sonriente.
A Tom le daba vueltas la cabeza. Como siempre solía
ocurrir, la mente de las
mujeres iba mucho más deprisa que la de los hombres, y él
ni siquiera se había
planteado todo aquello. Solo había estado preocupado porque
despertase del coma y
arreglar las cosas con ella.
—Escucha, ________ —le dijo poniéndose muy serio—, ¿estás
segura de que es eso
lo que quieres? Tú eres una cantante de éxito, y yo estoy
arruinado. No tengo más que
un rancho en medio de ninguna parte. No sería capaz de
vivir a tu costa, y además
tengo un hijo, aunque no sea mío.
Pero _______ había tomado su mano y la había puesto en su
mejilla, frotándose
amorosamente contra ella.
—Todo eso no importa. Te quiero —le dijo, mirándolo con
adoración.
Tom se sonrojó profusamente y se quedó mirándola como si
fuera la primera
vez que la veía. A excepción de su madre y de Elliot,
nadie más le había dicho jamás
esas dos palabras.
—¿Tú me... me...? ¿a pesar de lo que te dije?, ¿a pesar
de que me marché de
aquel modo?
—Sí, a pesar de todo —murmuró ella—. Te quiero con toda
mi alma. Quiero pasar
contigo el resto de mi vida, Tom, y no me importa si es
en las montañas de Wyoming,
o en una isla en medio del Pacífico, o en una cueva.
Mientras estemos juntos lo demás
no me importa.
Tom sonrió abiertamente por primera vez con el corazón
henchido de
felicidad. Tomó la mano de _______ y le besó la palma con
tanto sentimiento que la
joven sintió que se estremecía por dentro.
—Yo también te amo, más intensamente de lo que nunca imaginé
que podría amar.
Sin ti seguiría perdido —le dijo Tom mirándola a los
ojos—. Te compraré ese anillo
hoy mismo, pero me temo que no podrá ser de diamantes
ni...
_______ le puso un dedo en los labios para imponerle
silencio.
—Me conformaría con la vitola de un puro con tal de
casarme contigo.
—Tampoco soy tan pobre —respondió Tom ofendido,
provocando las risas de
________. Se inclinó hacia ella y, rozando sus labios, le
dijo—: Y nada de un compromiso
largo.
—Creo que se tarda tres días en conseguir una licencia
matrimonial —murmuró
ella contra sus labios—, y a mí eso ya me parece una
eternidad, así que... ¡ve a
solicitarla ya!
Tom se rio y la besó dulcemente.
—Ponte bien —le susurró—. Creo que voy a repasar esos
libros que tengo en casa,
para prepararme —le dijo guiñando un ojo.
La joven se sonrojó y sonrió, pensando maravillada al
verlo salir en lo inesperadamente
que llegaba a veces la felicidad.
Los chicos fueron a visitarla por la tarde, cuando ya la
habían trasladado a una
habitación privada en otra planta, fuera de la unidad de
cuidados intensivos. El resto
de supervivientes del avión habían sido rescatados, y
todos, a excepción de uno que
permanecía en el hospital por shock postraumático, habían
sido dados de alta. Los
reporteros habían tratado de entrar para hablar con
________, pero Hank los había
despachado con unas breves declaraciones. Jerry, por su
parte, aunque llamó diciendo
que desearía haber podido estar también en el hospital,
tuvo que ir a San Francisco
para cancelar la actuación que iban a haber hecho esa
noche.
Cuando Tom regresó, una media hora más tarde, la joven
estaba sentada en la
cama rodeada por los demás miembros del grupo. Tenía
mucho mejor aspecto.
—Hank ha traído su metralleta —bromeó en cuanto lo vio
aparecer—, y Jack,
Deke, y Johnson te escoltarán hasta el altar, para que no
te pierdas. Oh, y Jerry me
ha dicho que ya ha raptado a un sacerdote y que la
licencia matrimonial...
—Ya la he solicitado yo —la cortó Tom riéndose—. Hola,
muchachos, me alegra
veros —dijo estrechándole la mano a cada uno—. Oh, y lo
de la metralleta es una buena
idea, por si «ella» trata de escapar.
—¿Yo? ¿Qué te hace pensar eso? —se rio _______,
abrazándolo cuando se acercó
a la cama—. ¿Dónde está mi anillo? Quiero ponérmelo para
que las enfermeras dejen
de echarte miraditas —le dijo sonriendo—. Me he fijado en
que esa morenita...
—Yo no tengo ojos para nadie más —le aseguró Tom, sacando
una cajita del
bolsillo de la chaqueta y poniéndosela en la mano.
Era una sortija bastante sencilla, pero a la joven le
pareció lo más hermoso y
perfecto que había visto en su vida.
Capítulo 11
_______ fue dada de alta un par de días después. Su
recuperación había sido
asombrosamente rápida y, como había dicho el doctor con
un guiño, probablemente
tenía mucho que ver con cierto hombre de las montañas.
Justo antes de abandonar el hospital se casaron, en la
pequeña capilla, con una
enfermera como dama de honor, Hank como padrino, y los
demás miembros de la banda
como testigos. Harry y Elliot por supuesto estaban también,
felices de ver que todo
había acabado tan bien. Fue una ceremonia breve y
sencilla, pero tan emotiva que
_______ estuvo segura de que nunca la olvidaría.
El único problema tuvo lugar cuando la prensa se enteró
del enlace, y los
persiguieron a ellos y a los chicos cuando salían. Por
fortuna, Hank y los otros lograron
entretenerlos, y pudieron escapar en un taxi.
Tom había reservado la suite nupcial en el hotel de
Jackson. Por sus
ventanales, podía admirarse una vista hermosísima de las
montañas nevadas.
—La verdad es que no sé si volveré a pensar en ellas como
una postal —murmuró
_______ pensativa mientras Tom deshacía la maleta.
Él se colocó detrás de ella y le rodeó la cintura con los
brazos.
—No es malo tenerles respeto —le dijo—, pero no se
estrellan aviones todos los
días, y cuando estés completamente recuperada te enseñaré
a esquiar.
La joven se apartó de él y se volvió para mirarlo a la
cara.
—Mientras las miraba, estaba pensando en el momento en
que el avión empezó a
caer —le dijo—. Tenía tanto miedo de no volver a verte...
—Yo también pasé mucho miedo, incluso cuando logré
encontrarte —murmuró él,
desanudándose la corbata y desabrochándose los botones de
la parte de arriba de la
camisa—. Incluso después, cuando la enfermera vino a
decirme que habías
despertado... incluso entonces tuve miedo, de no poder
darte lo que necesitabas, de no
poder darte las cosas a las que estás acostumbrada.
—Me he acostumbrado a ti, Tom Kaulitz —repuso ella con
dulzura. Lo rodeó con
sus brazos y lo miró a los ojos amorosamente—: incluso a
tus enfurruñamientos —dijo
riéndose suavemente—. Ya te lo he dicho —le reiteró—, no
necesito nada, solo a ti.
Además tienes a Elliot, y a Harry, y dentro de unos años
Elliot tendrá un montón de
hermanitos y hermanitas para ayudarle con el rancho.
Tom se sonrojó ligeramente.
—¡Señor Kaulitz...! —exclamó ella divertida al ver su
azoramiento—. ¿Siempre es
usted tan tímido? —murmuró acariciándolo a través de la
tela de la camisa, y
desabrochándola hasta dejar al descubierto el musculoso y
bronceado tórax.
—Por supuesto que soy tímido —contestó él sintiendo que
le ardía la piel cuando
ella empezó a acariciarla. Contuvo el aliento excitado
cuando besó uno de sus pezones
y enredó las manos en su vello rizado—. Oh, Dios...
—jadeó—. Mmm, _______...
La joven se apartó un momento para mirarlo con los ojos
brillantes de deseo.
—¿No te gustaría hacerme lo mismo a mí también? —le
susurró.
Aquella era toda la invitación que Tom necesitaba. Le
desabrochó los botones
del sencillo vestido color crema que se había puesto para
la ceremonia y, al dejarlo
caer, vio que llevaba puesto un body de encaje muy sexy
con tirantes, que abrazaba
deliciosamente sus femeninas curvas, y unas medias de
seda blancas.
—Solo tienes que tirar hacia abajo —le indicó ________ tímidamente.
El corazón había empezado a latirle a Tom como un loco, y
no estaba seguro de
poder hacerlo sin desmayarse. La idea de ver a ________
totalmente desnuda lo
excitaba muchísimo. Tragando saliva, enganchó los
pulgares en los finos tirantes y fue
deslizando el body poco a poco, dejando al descubierto
los gloriosos senos, el
estómago... más abajo, más abajo... hasta llegar a las
medias de seda. Enganchó en ellas
los pulgares también y siguió descendiendo, hasta que
ambas cosas quedaron hechas un
pequeño lío a los pies de la joven, que se agachó y
terminó de sacárselos, irguiéndose
de nuevo a continuación, tan excitada que la timidez
estaba empezando a evaporarse.
Aquello era tan nuevo para ella como para él, y eso lo
hacía mucho más hermoso, un
verdadero acto de amor.
_______ se quedó de pie frente a él, permitiendo que la
admirara, encantada de
ver la mirada de fascinación en su rostro. Sus ojos la
recorrieron como el pincel de un
pintor, capturando cada curva antes de tocarla.
—Oh, ________... eres la criatura más hermosa que he
visto jamás... —murmuró—.
Me recuerdas a un dibujo de un hada que vi una vez de
pequeño en un libro de
cuentos... toda de oro y marfil.
La joven le rodeó el cuello con los brazos y se aproximó
a él, estremeciéndose
ligeramente cuando sus senos tocaron el pecho desnudo de
él. Era como si el vello de
su tórax la abrasara. Gimió involuntariamente, frotándose
contra él.
—¿Quieres ayudarme tú también a mí? —inquirió Tom
sacándose la camisa y
llevándose las manos al cinturón.
—Yo... —la joven dudó. Su coraje se había disipado de
repente ante lo íntimo que
resultaba aquello. Se rio al notar que estaba
enrojeciendo—. ¡Oh, Tom, qué cobarde
soy...! —ocultó el rostro en su pecho y lo escuchó reír a
él también.
—Bueno, no eres la única —murmuró—, yo tampoco soy un
exhibicionista.
Escucha, si quieres podemos meternos bajo las sábanas e
imaginar que es de noche.
La joven lo miró y se rio.
—Esto es ridículo —dijo.
Tom se rio también.
—Tienes razón —dejó escapar un suspiro—. Bien, ¡qué
caray!, estamos casados,
supongo que ha llegado el momento de afrontar todo lo que
eso implica...
Se sentó en la cama y se quitó los zapatos y los
calcetines. Se puso de pie de
nuevo para desabrocharse el cinturón, el botón de los
pantalones, bajarse la
cremallera...
Instantes después, ________ se encontró contemplando lo
que hace diferentes a
los hombres de las mujeres.
—Se ha puesto usted colorada, señora Kaulitz —la picó Tom.
—Igual que usted, señor Kaulitz —respondió ella.
Él se rio y extendió los brazos en una muda invitación.
________ le tendió las
manos y dejó que la atrajera hacia sí, estremeciéndose al
sentirlo completamente
desnudo contra sí. Tom agachó la cabeza y empezó a
besarla mientras sus manos
recorrieron cada centímetro del cuerpo de la joven con
verdadera avidez.
La joven gimió dentro de su boca cuando sintió que tiraba
de sus caderas para
apretarla contra las suyas, y se puso como la grana al
entrar en tan íntimo contacto
con él.
—No tengas miedo —murmuró Tom, apartándose de ella un
momento para
mirarla a la cara—. Creo que sé lo bastante como para que
no te resulte doloroso.
—Te quiero, Tom... —susurró ella, forzando a sus tensos
músculos a relajarse —
No me preocupa que me duela un poco. Quiero ser tuya, y
sé que hagas lo que hagas
estará bien.
Tom la besó con exquisita ternura mientras le acariciaba
los senos, formando
arabescos imaginarios sobre las areolas. Segundos
después, fueron sus labios los que
descendieron sobre ellos, cerrándose sobre cada una de
las dos cumbres, succionando
hasta arrancar gemidos extasiados de la garganta de ________.
Tom la alzó en sus
brazos y la depositó sobre la cama, encontrando otros
lugares donde besarla que la
hacían gemir y suspirar con idéntico placer.
Los libros que había leído eran muy completos y bastante
explícitos, pero la
teoría era algo distinta de la práctica. Nunca había
imaginado que las mujeres tambien
pudieran perder el control, ni que sus cuerpos fueran tan
suaves, ni que sus ojos
adquirieran un brillo salvaje al hacer el amor... De
pronto, dar placer a ________ se
había convertido en su único objetivo, y cuando
finalmente se colocó sobre ella para la
culminación de aquel acto maravilloso, ella estaba
totalmente dispuesta para él,
desesperada por tenerlo dentro de sí. Tom se introdujo
con cuidado en su interior,
tratando de controlarse todo el tiempo para poder
satisfacer la necesidad de ella
antes que la de él.
Hubo un instante en que _______ se tensó, y pareció
querer apartarlo, pero
Tom se detuvo y la miró a los ojos, leyendo el temor en
ellos.
—El dolor solo durará un momento —le susurró con voz
ronca—. Toma mis manos
y apriétalas. Lo haré rápido.
_______ confió en él y tragó saliva. Tom empujó con
fuerza, y _______ dejó
escapar un leve gemido de dolor, pero al instante notó
que su cuerpo lo aceptaba sin
más dificultades. Sus ojos brillaban, y el aliento
escapaba entrecortado de sus labios.
Una sonrisa se dibujó poco a poco en sus labios.
—El dolor... ha desaparecido —murmuró.
Tom se inclinó para besarla con sensualidad y empezó a
moverse dentro de ella,
su cuerpo bailando sobre el de la joven, estableciendo el
ritmo. ________ lo seguía,
gimiendo a medida que la cadencia se hacía más rápida, y
pronto sintió que la espiral de
sensaciones iba a más.
Comenzó a temblar, su cuerpo totalmente arqueado hacia él
por la tensión del
momento. Se estaba haciendo casi insoportable. Hubo
incluso un momento en que quiso
apartarlo, porque creía que iba a morir si no acababa
pronto con aquel delicioso
suplicio, pero de pronto alcanzaron el climax, que los
inundó como una ola de intenso
calor, sacudiéndolos al mismo tiempo, mientras Tom gemía
su nombre una y otra vez.
Unos minutos después yacían juntos, exhaustos pero
satisfechos. Tom hizo
ademán de apartarse, pero la joven lo rodeó con sus
brazos y lo retuvo.
—No, Tom, quédate un poco más dentro de mí, es tan
delicioso... es como ser
uno solo —murmuró.
—Te aplastaré con mi peso —repuso él.
La joven sacudió despacio la cabeza con los ojos
cerrados.
—No, es maravilloso —le aseguró deleitándose en la
sensación de su cuerpo
sudoroso y palpitante sobre el de ella.
—Parecías una tigresa hace un rato —dijo Tom riéndose
suavemente—. Me
mordiste en el hombro y me clavaste las uñas en las
caderas.
—Tú también me mordiste —replicó ella sonrojándose—.
Mañana tendré
cardenales en los muslos...
—Oh, serán muy pequeños —repuso él alzando la cabeza y
mirándola a los ojos—.
No pude evitarlo. Me vuelves loco. ¿Sabes?, me siento
como si llevara toda mi vida
siendo una mitad, y solo ahora estuviera completo.
—Yo también —musitó ella acariciando el contorno de sus
labios con el índice. De
pronto, para ponerse un poco más cómoda, ________ movió
un poco las caderas, aún
unidas íntimamente a las de él, y vio que los ojos de Tom
relumbraban. Contuvo el
aliento y volvió a hacerlo, comprobando encantada que la
reacción se repetía,
acompañada de un suave gemido.
—Esto es imposible... —murmuró Tom incrédulo—, el libro
decía que...
Pero un brillo salvaje se había encendido en los ojos de
_______, y susurró contra
sus labios, sonriendo picaramente:
—Al diablo con el libro —y comenzó a moverse de nuevo,
reavivando el deseo de
los dos.
Elliot y Harry estaban esperándolos en la puerta cuando
regresaron al rancho. En
la mesa del salón había una enorme tarta de bodas que
Harry había preparado, y Elliot
había hecho que el anciano lo llevase a la ciudad para
comprarle a su padre un regalo
muy especial: el último álbum de Desperado. La portada
era una foto del rostro de
_______, y estaba realmente preciosa en ella.
—Qué regalo tan estupendo —dijo Tom, admirando la
fotografía—. Bueno,
ahora no tengo excusa para no oír tus canciones —dijo
volviéndose a su esposa.
—Papá, ¿a que no sabes qué? ¡Hank Shoeman me firmó un
autógrafo! Mañana voy
a enseñárselo a todo el mundo en el colegio. ¡Verás que
envidia! Me estaba volviendo
loco tener aquí a ________ y no poder contarlo.
—¿Tú sabías que era...? —inquirió Tom frunciendo el
entrecejo incrédulo—. ¿Y
no me lo dijiste? — Elliot se frotó la nuca y esbozó una
sonrisa culpable a modo de
disculpa—. De modo que por eso desapareció aquella
cinta...
—¿Te diste cuenta de que faltaba? —dijo el chico.
—Cuando regresé a casa, después del concierto, me sentía
fatal —contestó
Tom esbozando una sonrisa triste en dirección a _______—.
Quería volver a oír su
voz, y busqué la cinta, pero me encontré con que no
estaba.
—Lo siento, papá —dijo Elliot—. Te juro que no volveré a
hacerlo, pero es que me
temía que la echaras del rancho si te enterabas de que en
realidad era una cantante
de rock... ________ es la mejor. ¿Oíste lo que dijo aquel
presentador de que habían
ganado un Grammy?, pues la canción la compuso ella —dijo
admirado.
—Para, Elliot, vas a hacerme sonrojar —se rio _______.
—No sé si Elliot podrá, pero yo sé muy bien cómo hacerlo
—murmuró Tom
rodeándola por la cintura y atrayéndola hacia sí. Y, al
instante, la joven estaba roja
como una amapola.
—¡Oh!, ¿y sabes qué, papá? ¡Has salido en el periódico!
—continuó Elliot muy
excitado—, ¡y en las noticias de las seis! Han hablado de
cuándo estuviste a punto de
formar parte del equipo olímpico de esquí. Dijeron que
eras unos de los mejores
esquiadores de eslalon del país. ¿Por qué lo dejaste?
—Es una historia muy larga —contestó Tom.
—¿Fue por mi madre, no es cierto? —inquirió el chico con
expresión grave.
—Bueno, tú estabas en camino, y no me pareció bien
dejarla sola en esos
momentos.
—¿A pesar de lo mal que se portó contigo? —musitó el
muchacho.
El ranchero puso las manos en los hombros de su hijo.
—Escúchame bien, Elliot, y no lo olvides nunca: para mí
fuiste hijo mío desde el
momento en que supe que ibas a venir al mundo. Estuve
esperando tu nacimiento tan
ansioso como un niño que espera el día de Navidad. Compré
un montón de cosas para ti,
y leí libros sobre cómo ser padre para poder ayudar a
criarte. Tenía la esperanza de
que cuando nacieras, fueras tan especial para tu madre
como ya lo eras para mí, pero
por desgracia no fue así. Siento que las cosas tuvieran
que ser así.
El chico meneó la cabeza.
—No importa —dijo con una sonrisa—. Tú me querías, y para
mí eso es lo que
cuenta.
—Ya lo creo que te quería, y te sigo queriendo —dijo Tom
abrazándolo con
fuerza.
—Bueno —continuó Elliot apartándose de él y esbozando una
sonrisa traviesa—, y
ya que a los dos os gustan tanto los niños... espero que
pronto empecéis a tener unos
cuantos. Yo podría ayudar. Harry y yo les cambiaríamos
los pañales, y prepararíamos
biberones...
________ se rio.
—Eres un sol —le dijo abrazándolo también—. ¿Seguro que
no te importará dejar
de ser hijo único?
—¡Claro que no! —exclamó él con contundencia—. A veces es
muy aburrido, y los
chicos en el colegio tienen casi todos hermanos y
hermanas.
—Oh... casi lo olvido —dijo ________ de pronto—: Hank te
manda un regalo. Está
en la camioneta.
Salieron todos fuera.
—¡Es un teclado profesional! —exclamó Elliot con los ojos
como platos. De
repente, sin embargo, los miró preocupado—. Oh, Dios...
seguro que estoy soñando, o
quizá tenga fiebre —dijo tocándose la frente.
—No, estás despierto y estás perfectamente —lo
tranquilizó Tom entre risas.
—________, ¿vas a seguir con el grupo? —inquirió el
chico.
—Sí, solo que hemos decidido que no haremos más giras
—contestó ella—. La
verdad es que todos estamos cansados, y nos merecemos una
vida más tranquila
después de trabajar tanto. Además, así podremos
concentrarnos en el nuevo álbum y
lo disfrutaremos más.
—¡Oh!, ¿pues sabes qué? Sé me ha ocurrido una idea genial
para un video que...
________ se echó a reír.
—Está bien, podrás compartirla con los chicos cuando
vengan.
—¿Van a venir de visita?¿Cuándo? —inquinó él con los ojos
iluminados por la
emoción.
—Mi tía va a casarse con el señor Durning —lo informó
________—, Se van a vivir a
Hawai, y nos han dado permiso para usar la cabaña siempre
que queramos, así que...
—¡Genial! —exclamó Elliot—. ¡Verás cuando se lo cuente a
los chicos!
—Además a Hank se le ha ocurrido que para un tema que
compusimos hace poco
podíamos grabar el video aquí, con las montañas como
fondo, y tú y tus amigos podríais
salir en él, os meteríamos en una escena o dos —le
prometió—. Incluso podríamos
encontrar una escena en la que meter a Harry... —dijo
sonriendo divertida en dirección al
anciano.
—¿A mí? ¡Ni hablar! —exclamó Harry alarmado—. Si lo hace
huiré de aquí.
—En ese caso no he dicho nada —se rio la joven—. Si
tuviera que cocinar yo
tendríamos que vivir a base de huevos fritos con
patatas...
Harry se rio y ayudó a Elliot a llevar dentro el teclado.
_______ y Tom entraron
también. La joven iba a sentarse en el salón, pero Tom la
tomó de la mano, la llevó al
estudio y cerró la puerta.
—¿Te acuerdas de la última vez que estuvimos aquí? —le
preguntó entre beso y
beso.
—¿Cómo iba a olvidarlo? —susurró ella con una sonrisa—.
Por muy poco estuvimos
a punto de perder el control...
—Me alegra que no lo hiciéramos —dijo Tom entrelazando
sus dedos con los de
ella—, quería que nuestra primera vez fuera muy especial,
una auténtica noche de
bodas.
________ le acarició la mejilla suavemente y lo miró a
los ojos.
—Yo también me alegro de que esperáramos —le dijo—. Te
quiero, Tom, te
quiero tantísimo... —murmuró estremeciéndose cuando él la
rodeó con sus brazos.
Él la atrajo hacia sí, y la joven apoyó su mejilla en el
pecho de él.
—Nunca imaginé que encontraría a alguien como tú —suspiró
Tom acariciándole
el sedoso cabello—. Había dado todo por perdido después
de mi primer matrimonio.
Había renunciado al amor, y creo que también a la vida, a
una vida plena... hasta que
apareciste tú —dijo mirándola a los ojos—. Tengo miedo de
despertar, que todo esto
sea solo un sueño.
—No estás soñando —murmuró ella apretándose contra su
cuerpo con fuerza—.
Estamos casados y pienso amarte durante el resto de mis
días, en cuerpo y alma —alzó
la cabeza y sonrió traviesa—. De modo que ni se te ocurra
intentar escaparte. Te he
atrapado y eres mío para siempre, Tom Kaulitz.
Tom se rio suavemente.
—Y ahora que me tienes... ¿qué piensas hacer conmigo?
—Oh, tengo mis planes... —murmuró la joven con una
sonrisa conspiradora—. Has
cerrado la puerta, ¿verdad? — inquirió con voz seductora.
—Um, sí, la he cerrado. ¿Qué es lo que...? ¡________!
La joven sonrió contra sus labios mientras le
desabrochaba el pantalón.
—Ese es mi nombre —susurró mordisqueándole el labio
inferior, y echándose a
reír encantada cuando Tom empezó a ayudarla a
desvestirlo—. La vida es breve, es
mejor que empecemos a disfrutarla ahora mismo.
—No podría estar más de acuerdo —asintió él.
Sus suaves risas se mezclaron en el silencio de la
habitación. Junto a ellos, el
fuego crepitaba en la chimenea, y fuera había comenzado a
nevar de nuevo. ________
había sido quien había empezado aquello, pero al cabo de
un rato Tom tomó el
control, y ella lo dejó hacer riéndose suavemente. Sabía
que en el rancho las cosas se
hacían a la manera de Tom Kaulitz y, por aquella vez, no
le importó en absoluto.
FIN
Diana Palmer - Serie Hombres de Texas 4 - Sutton
HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPITULOS ... GRACIAS POR LEER ESTA NOVELA QUE ESTA HERMOSA ... ES UNA DE MIS FAVORITAS DE ESTA SERIE ... ESPERO Y LE HAYAN DISFRUTADO TANTO COMO YO ... BUENO SIN MAS QUE DECIR ME DESPIDO ... AHORITA LES SUBO EL PRIMER CAPITULO Y EL DOS EN LA SIG NOVELA.
AUTORA: DIANA PALMER.
TOM KAULITZ: QUINN SUTTON
______ CALLAWAY: AMANDA CALAWAY
Me encanto *.*
ResponderEliminarUna de las mejores sin duda *.*
Sii hermosaaa!! *.*
ResponderEliminarA seguir leyendo
Gauooo esta historia me encanto fue lo máximo virgi de verdad la disfrute mucho.. seguiré leyendo tus otras fics
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